La confianza en el Gobierno argentino, según el índice elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, ha registrado una caída significativa, alcanzando un valor de 2,30 puntos en marzo de 2026. Este descenso representa una baja del 3,5% en comparación con febrero, lo que sitúa al indicador en su nivel más bajo desde que Javier Milei asumió la presidencia. Este fenómeno no es aislado, ya que la medición ha mostrado una tendencia negativa durante tres meses consecutivos, comenzando con una caída de 2,8% en enero, seguida de un leve retroceso de 0,6% en febrero y culminando en el mencionado 3,5% en marzo, lo que suma un total acumulado de 6,5% desde diciembre de 2025.
La situación actual refleja un promedio de 2,43 puntos en la administración de Milei, posicionándose entre los inicios de los mandatos de Mauricio Macri, que contaba con 2,55 puntos, y de Alberto Fernández, que alcanzó solo 1,99 puntos. A pesar de esta caída, el índice de marzo supera considerablemente el nivel de confianza que tenía la gestión de Fernández en el mismo mes de 2022, que se ubicaba en 1,51, marcando un incremento del 52,6%. Además, el indicador se mantiene casi en la misma línea que el logrado durante el gobierno de Macri en marzo de 2018, que fue de 2,32 puntos, con una variación mínima del 0,9%.
El análisis de los componentes que conforman el índice revela que el descenso en la confianza no es homogéneo. De los cinco subíndices que componen el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), cuatro han mostrado retrocesos. El componente de Honestidad, a pesar de ser el más alto con 2,73 puntos, también experimentó una disminución del 1,1%. Por otro lado, el subíndice de Capacidad se sitúa en 2,55 puntos, con una caída del 5,6%. La única excepción positiva en este contexto es el subíndice de Eficiencia, que creció a 2,38 puntos, marcando un aumento del 3,9%. Sin embargo, la Evaluación general del gobierno cayó a 1,98 puntos, con un descenso del 9,2%, y la Preocupación por el interés general también se redujo a 1,87 puntos, lo que implica una baja del 6,0%. Estos dos últimos subíndices son los que registraron las caídas más significativas.
El informe también pone de manifiesto una creciente brecha de género en la percepción de la confianza en el Gobierno. Los hombres tienen un índice de 2,60 puntos, con una leve caída del 0,8%, mientras que las mujeres alcanzan solo 1,93 puntos, lo que representa un descenso del 8,5%. Esta diferencia de 0,67 puntos resalta la disparidad en la confianza entre géneros, lo que podría ser un indicador de cómo diferentes sectores de la población perciben la gestión actual.
La segmentación por edad muestra una tendencia interesante, ya que, por primera vez desde el inicio del mandato de Milei, el grupo de 30 a 49 años lidera en términos de confianza, con 2,33 puntos y un aumento del 9,4%. Por el contrario, los jóvenes de 18 a 29 años han sufrido una notable caída, situándose en 2,22 puntos, lo que representa un desplome del 25,8%. Este cambio puede estar relacionado con las expectativas de este grupo, que fueron más altas en los primeros meses del gobierno, pero que ahora se ven frustradas.
Desde una perspectiva territorial, el interior del país se presenta como la región con mayor confianza en el gobierno, alcanzando 2,52 puntos, aunque con un descenso del 3,1%. En contraste, en el área Metropolitana de Buenos Aires, los ciudadanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires marcan un índice de 2,12 puntos, en ligero aumento del 1,0%, mientras que el Gran Buenos Aires muestra la caída más pronunciada, con un índice de 1,92 puntos y una baja del 5,9%. Esta variación territorial puede indicar que las expectativas y realidades de los ciudadanos varían significativamente según su ubicación geográfica, reflejando la complejidad del panorama político y social actual.
La educación también juega un papel fundamental en este contexto. Los niveles de confianza se distribuyen de manera desigual según el grado educativo de la población, lo que sugiere que aquellos con mayor educación tienden a tener una percepción más crítica de la gestión gubernamental. Este aspecto es crucial para entender cómo la confianza se construye en diferentes sectores de la sociedad y cómo puede influir en futuras decisiones políticas y electorales. La situación actual plantea un desafío significativo para el gobierno, que deberá abordar estas preocupaciones y buscar recuperar la confianza de la ciudadanía en un entorno cada vez más complejo y exigente.



