El caso que involucra al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, por presunto enriquecimiento ilícito, está tomando un giro significativo con las declaraciones de Graciela Molina de Cancio y su hija, Victoria Cancio. Este lunes, ambas mujeres fueron convocadas a declarar en el marco de la pesquisa que busca esclarecer el origen de los fondos utilizados para la compra de un departamento que generó controversia. La expectativa recae sobre sus testimonios, ya que se las señala como las responsables de financiar la adquisición del inmueble en cuestión, lo que podría arrojar luz sobre el entramado financiero que rodea al funcionario.
De acuerdo con los detalles que emergen de la investigación, madre e hija habrían otorgado un préstamo privado por un total de 100.000 dólares, distribuido en dos tramos de 85.000 y 15.000 dólares. Este dinero habría sido destinado a la compra de un departamento ubicado en la avenida Asamblea, en el barrio de Caballito en Buenos Aires. La operación es objeto de escrutinio no solo por su monto, sino también por el hecho de que se realizó el mismo día en que Bettina Angeletti, esposa de Adorni, adquirió otra propiedad en el country Indio Cua, en Exaltación de la Cruz. Esta coincidencia ha intensificado las sospechas sobre las finanzas del jefe de Gabinete.
Este miércoles, está programada la declaración de otras dos mujeres que estarían vinculadas a la transacción inmobiliaria. Se trata de jubiladas que, según se informa, habrían vendido el departamento mediante un esquema de adelanto e hipoteca sin intereses. La atención en los tribunales está centrada en lograr una reconstrucción detallada de la trazabilidad de los fondos involucrados y determinar si hubo alguna irregularidad en las transacciones que se están investigando. La necesidad de establecer un vínculo claro entre las diferentes operaciones es fundamental para el avance de la causa.
Desde el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, se han manifestado en relación a la actuación del escribano que participó en la operación. En un contexto donde las transacciones de personas políticamente expuestas (PEP) son objeto de mayor control, la presidenta del Colegio, Magdalena Tato, aseguró que todas las operaciones se informan a la Unidad de Información Financiera (UIF). Tato enfatizó que no hay excepciones: cualquier operación realizada por un funcionario público debe ser reportada, sin importar el monto involucrado. Su explicación sugiere un enfoque riguroso ante la sospecha de irregularidades, subrayando la importancia de los mecanismos de control interno.
La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, también se ha pronunciado sobre la situación judicial que enfrenta Adorni, ofreciendo un análisis sobre su decisión de no realizar declaraciones públicas al respecto. Bullrich plantea que esta actitud podría relacionarse tanto con el estilo personal de Adorni como con su menor experiencia en la esfera política. Aunque se abstuvo de comentar sobre qué haría en su lugar, su intervención destaca la tensión existente entre la gestión pública y la percepción de la transparencia en el manejo de los asuntos personales de los funcionarios.
La investigación avanza en un clima de creciente atención mediática y pública, lo que plantea interrogantes sobre la ética y la responsabilidad en la gestión de altos funcionarios. La relevancia de este caso trasciende lo individual, dado que implica cuestiones fundamentales sobre la rendición de cuentas y la transparencia en el uso de fondos públicos. A medida que se desarrollan las declaraciones y se recogen más testimonios, el futuro de Manuel Adorni y su carrera política dependerá de la capacidad de su defensa para esclarecer los vínculos financieros y la legitimidad de sus operaciones inmobiliarias.



