El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se prepara para realizar su primer viaje a Córdoba en más de seis años de gestión. Este desembarco, que tendrá lugar mañana por la mañana, se inscribe en un contexto político más amplio, donde el mandatario busca fortalecer lazos con el electorado cordobés, un sector que tradicionalmente ha mostrado una postura crítica hacia el kirchnerismo. Aunque su visita está marcada por actividades institucionales, no se puede ignorar la intención política que subyace en cada movimiento del economista, quien intenta hacerse un lugar en una provincia que ha sido históricamente un bastión del peronismo disidente.

Kicillof estará acompañado por un grupo de ministros, incluyendo a Carlos Bianco, Jefe de Gabinete; Andrés Larroque, a cargo del Ministerio de Desarrollo; Walter Correa, Ministro de Trabajo; y Javier Rodríguez, Ministro de Agricultura. Este equipo será recibido por el influyente líder sindical Héctor Daer y el dirigente cordobés Carlos Caserio, quien juega un papel clave en la estrategia de Kicillof hacia su precandidatura presidencial. La elección de los acompañantes y el perfil de los dirigentes con quienes se reunirá son indicativos de la búsqueda de apoyo en sectores que, aunque alejados del kirchnerismo, pueden ser aliados estratégicos en el camino hacia 2027.

Sin embargo, es importante resaltar que Kicillof no se encontrará con figuras prominentes del peronismo cordobés, como el gobernador Martín Llaryora. Aunque ambos mantienen un diálogo cordial y regular, Llaryora se encuentra en San Juan participando de la Expo San Juan Minera, lo que complica un posible encuentro. A pesar de esta ausencia, la relación entre ambos no es hostil; se sostiene un acuerdo tácito de no agresión que permite que ambos actores políticos sigan navegando sus diferencias ideológicas sin entrar en confrontaciones abiertas. Esta dinámica pone de manifiesto la complejidad del panorama político cordobés, en el que la figura de Llaryora, al representar un electorado que se distancia del kirchnerismo, no puede mostrarse abiertamente alineado con Kicillof.

En el marco de su visita, Kicillof tiene programadas tres actividades clave. Su primera parada será en La Falta, donde asistirá al Congreso del gremio de Sanidad, bajo la dirección de Daer. Este evento constituye una oportunidad valiosa para que Kicillof reciba un respaldo sólido en un momento crucial de su carrera política. Daer, un líder sindical de gran peso, está decidido a apoyar la candidatura de Kicillof, lo que podría traducirse en un respaldo significativo dentro de la estructura gremial y política del peronismo.

Posteriormente, el gobernador se trasladará a Cosquín, donde se reunirá con el intendente Raúl Cardinali, aliado de Caserio. Este encuentro es relevante dado que Cardinali representa una facción del peronismo que se ha distanciado de las posturas más tradicionales del kirchnerismo. A través de estas interacciones, Kicillof busca no solo fortalecer su red de apoyo, sino también posicionarse como una figura renovadora dentro del espacio político del peronismo, en un contexto donde el liderazgo de Cristina Kirchner queda cada vez más en entredicho.

La visita de Kicillof a Córdoba no es simplemente un viaje más en su agenda; es un intento por conectar con un electorado que podría ser crucial en su aspiración presidencial. La construcción de su imagen política en esta provincia es fundamental, ya que representa una oportunidad para mostrar que el peronismo puede renovarse sin dejar de lado sus raíces. A medida que se acercan las elecciones de 2027, la capacidad de Kicillof para articular un discurso que resuene con los votantes cordobeses será determinante para su futuro político.