La presidencia de Justo José de Urquiza marcó un hito en la historia argentina tras su victoria sobre Juan Manuel de Rosas en Caseros el 3 de febrero de 1852. Con el objetivo de reconstruir el país, Urquiza se rodeó de un selecto grupo de asesores, entre los que se encontraban Santiago Derqui, Juan Gregorio Pujol y otros, quienes le brindaron distintas perspectivas sobre los pasos a seguir en un contexto de gran inestabilidad política.
Consciente de la necesidad de actuar con rapidez, Urquiza desestimó la propuesta de realizar circulares a las provincias para convocar un congreso. Consideraba que esta opción podría llevar a interminables demoras y debates, sugiriendo en su lugar reunir a los gobernadores en una conferencia que acelerara el proceso de organización. Mientras tanto, en Buenos Aires, la tensión era palpable, ya que muchos ciudadanos, alarmados por los recientes saqueos, salían armados a las calles.
El 6 de abril, Urquiza se reunió en Palermo con el gobernador de Buenos Aires, Benjamín Virasoro, y otros líderes provinciales, estableciendo así el “Protocolo de Palermo”, cuyo objetivo era sentar las bases para una nueva constitución nacional. A pesar de las presiones para firmar el decreto que capitalizara Buenos Aires, la falta de consenso sobre la reactivación del Congreso y la organización del gobierno provisional dificultó el avance. Finalmente, Urquiza convocó a los gobernadores a una reunión el 20 de mayo en San Nicolás de los Arroyos, ciudad que tenía un significado especial para él, pues allí había encontrado apoyo en tiempos difíciles.



