La inflación en Argentina ha vuelto a tomar impulso, alcanzando un preocupante 3,3% en marzo, según datos del Instituto de Estadística de los Trabajadores (IET). Este incremento representa un aumento de seis décimas en comparación con febrero, lo que suma un total del 9% en el primer trimestre del año. Las cifras evidencian una tendencia ascendente desde finales de 2022, con un aumento interanual que se sitúa en 31,5%. Esta aceleración en la inflación no solo impacta en el costo de vida de los argentinos, sino que también refleja una crisis económica más profunda que afecta a los sectores más vulnerables de la población.

El informe revela que la inflación ha golpeado con mayor fuerza a los hogares de bajos ingresos, donde se registraron aumentos del 3,6% entre desocupados y del 3,4% entre asalariados no registrados. Estos datos, elaborados en conjunto por la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) y el Centro para la Concertación y el Desarrollo (CCD), ponen de manifiesto la desigualdad en el impacto de la inflación, que afecta desproporcionadamente a aquellos que ya enfrentan dificultades económicas. La brecha entre los diferentes estratos de ingresos es notable y contribuye a agravar la situación social en el país.

Entre los principales factores que han impulsado el aumento de precios en marzo, se encuentran fenómenos estacionales y la dinámica de los precios regulados. En particular, el rubro de Educación se disparó un 8,6% debido al inicio del ciclo lectivo, mientras que el Transporte experimentó un alza del 5,7%, impulsada por el incremento de precios en combustibles y tarifas de colectivos. Estos aumentos en servicios esenciales impactan directamente en el presupuesto familiar, especialmente en aquellos hogares donde cada peso cuenta.

Otros sectores que también vieron un incremento significativo fueron Prendas de vestir y calzado, con un 3,6% de aumento, y Vivienda, que subió un 3,5%, principalmente debido a aumentos en los servicios de electricidad. La categoría de Alimentos y bebidas no alcohólicas registró un alza del 3,2%, con un notable incremento en los precios de la carne, que alcanzó un 6,3%. Estos aumentos, aunque moderados en comparación con otros sectores, son críticos para la canasta básica de consumo, que se ha vuelto cada vez más inaccesible para los sectores más desfavorecidos.

Fabián Amico, coordinador general del IET, explicó que la aceleración de la inflación se debe a una combinación de factores, que incluyen el aumento de precios regulados como electricidad, transporte y educación. Estos aumentos son consecuencia de la reducción de subsidios en un contexto de crisis inflacionaria exacerbada por situaciones externas, como el conflicto bélico mundial que ha alterado las cadenas de suministro y los costos de producción. Así, la política económica del gobierno enfrenta un desafío mayor en la contención de la inflación y la protección de los más vulnerables.

El informe también destaca cómo la inflación se distribuye de manera desigual según el nivel de ingresos. El decil más bajo de la población experimentó una inflación del 31,7%, en comparación con el 31,3% del decil más alto. Esta disparidad pone de relieve la necesidad urgente de implementar políticas económicas que consideren las realidades de los distintos sectores de la población. La composición de las canastas de consumo explica esta diferencia, ya que los rubros más afectados, como alimentos y transporte, tienen un mayor peso en los hogares de ingresos bajos.

Ante este panorama, Nicolás Trotta, director ejecutivo del CCD y diputado nacional, ha expresado su preocupación por la creciente inacción del gobierno frente a la aceleración de la inflación y el deterioro general de la economía. Desde noviembre del año pasado, el salario real ha caído más de un 6%, lo que agrava aún más la situación de los trabajadores. En este contexto, es imperativo que se tomen medidas concretas para estabilizar la economía y proteger a los sectores más vulnerables del país.