En una jornada marcada por la controversia, decenas de miles de ciudadanos georgianos se congregaron en el centro de Tiflis para participar en la marcha conmemorativa del 'Día de la Santidad de la Familia'. Este evento, promovido por la Iglesia Ortodoxa de Georgia, surge como una respuesta a la celebración del Día Internacional contra la Homofobia que se lleva a cabo el 17 de mayo en todo el mundo. La manifestación se convierte, así, en un símbolo de las tensiones sociales y culturales que enfrenta el país en la actualidad, en un contexto donde los valores tradicionales chocan con los derechos de las minorías.
El primer ministro de Georgia, Irakli Kobajidze, se unió a la marcha junto a sus hijos, destacando la importancia de este día, que coincide con el 1700 aniversario de la proclamación de la fe ortodoxa como religión oficial del Estado. "Este año el 17 de mayo adquiere una relevancia mucho mayor", aseguró Kobajidze, enfatizando la conexión entre la identidad nacional y los valores familiares sostenidos por la Iglesia. Su participación refleja el apoyo del gobierno hacia una narrativa que prioriza la tradición frente a las demandas de inclusión y diversidad.
Andria Dzhagmaidze, representante de la Iglesia Ortodoxa, afirmó que la marcha simboliza el amor y el compromiso del pueblo georgiano hacia su fe y sus tradiciones. Este evento, que se ha transformado en una especie de ritual anual, busca reafirmar la postura de la Iglesia en un momento donde las voces a favor de los derechos LGTBI han comenzado a ganar visibilidad en el país. En este sentido, Dzhagmaidze se refirió a la marcha como un legado del patriarca Iliá II, quien lideró la Iglesia ortodoxa georgiana durante casi medio siglo y fue un ferviente opositor a la homosexualidad.
Los manifestantes, algunos portando cruces y otros llevando banderas nacionales y pancartas que ilustraban familias tradicionales, recorrieron un trayecto de tres kilómetros desde la Iglesia de Kashveti hasta la Catedral de la Santa Trinidad, donde se realizó una liturgia especial. La celebración fue presidida por el nuevo patriarca, Shio III, quien ha heredado un contexto de polarización social y religiosa. La presencia de símbolos religiosos y la cantidad de asistentes subrayan la relevancia que la comunidad ortodoxa ha mantenido en la vida pública de Georgia.
Este evento se inscribe en una historia reciente de confrontaciones y disputas en el país. La iniciativa de celebrar el 'Día de la Santidad de la Familia' fue instaurada en 2014 como una respuesta a los disturbios ocurridos en 2013, cuando una manifestación a favor de los derechos LGTBI fue violentamente dispersada por grupos extremistas ortodoxos. En esa ocasión, más de 30 personas resultaron heridas, incluyendo agentes de policía, lo que marcó un hito en la lucha por los derechos de las minorías en Georgia. La memoria de esos eventos sigue latente, influyendo en las percepciones y reacciones de la sociedad.
Además, en 2024, el gobierno georgiano aprobó una controvertida Ley contra la propaganda LGTBI, que ha sido objeto de críticas por parte de organismos internacionales como la Unión Europea. Esta legislación no solo ha generado un clima de inestabilidad en las relaciones entre Georgia y Bruselas, sino que también ha acentuado las divisiones internas sobre temas de derechos civiles y libertades individuales. La reacción desmedida de sectores de la sociedad ante la diversidad sexual pone de manifiesto un desafío más amplio que enfrenta Georgia en su camino hacia una mayor integración en la comunidad europea.
En conclusión, la marcha por la 'Santidad de la Familia' en Tiflis representa no solo una afirmación de los valores tradicionales, sino también un punto de fricción en el debate sobre derechos humanos y modernización en Georgia. A medida que el país navega por estas aguas turbulentas, es evidente que el futuro de su sociedad dependerá de su capacidad para equilibrar la tradición con la inclusión, en un contexto donde las voces de las minorías continúan clamando por reconocimiento y respeto.



