El expresidente boliviano Evo Morales ha emitido duras críticas hacia el actual mandatario de derecha, Rodrigo Paz, a quien responsabiliza por las intensas manifestaciones que han estallado en el país en las últimas tres semanas. Estas protestas han desencadenado una crisis de desabastecimiento y un clima de tensión creciente, con bloqueos y enfrentamientos en varias ciudades. En una videollamada desde el lugar donde se encuentra resguardado tras un pedido de arresto relacionado con una causa por presunta trata infantil, Morales argumentó que la situación actual es resultado directo de las promesas incumplidas del Gobierno, que han llevado a una movilización popular sin precedentes.
Las palabras de Morales reflejan un descontento profundo entre la población, que siente que su voz no ha sido escuchada. “Las promesas electorales no cumplidas hacen que el pueblo se sienta engañado. Nadie está convulsionando el país. Ellos lo convulsionan”, afirmó el exmandatario, aludiendo a la crisis económica y social que se cierne sobre Bolivia. Morales subrayó que la falta de cumplimiento de compromisos por parte de Paz, especialmente en materia de abastecimiento de combustible, ha llevado a la población a una situación insostenible. “La gasolina llega como Coca-Cola, negra, destroza los automóviles”, agregó, enfatizando el impacto negativo de las políticas económicas del actual Gobierno.
En un análisis más profundo, Morales consideró que lo que está en juego es una resistencia al modelo económico neoliberal y neocolonial que ha prevalecido en el país. Aseguró que la movilización popular busca defender recursos estratégicos como el litio y las tierras raras, esenciales para el desarrollo económico de Bolivia. “Este movimiento es imparable”, sentenció, lo que sugiere que las manifestaciones pueden intensificarse en los próximos días si no se da una respuesta adecuada a las demandas de la ciudadanía.
Cuando se le preguntó sobre la violencia que ha acompañado las protestas, Morales se defendió de las acusaciones que lo vinculan con el narcotráfico y la financiación de disturbios. “Le echan la culpa a Evo Morales. Yo, como confinado, vivo gracias al apoyo de los compañeros que me traen comida. Estas mentiras cansan”, dijo, aludiendo al racismo y a las falsas narrativas que se han difundido en su contra. A su juicio, la violencia es una reacción a un sistema que ha marginado a los sectores populares y ha privatizado servicios esenciales, un tema que ha generado gran descontento entre los bolivianos.
El exmandatario también se mostró crítico con las políticas económicas que buscan favorecer a grandes empresarios en detrimento de pequeños comerciantes. “Quieren eliminar el régimen simplificado para el pequeño comerciante y hacer que pague impuestos”, advirtió, añadiendo que esto es parte de una estrategia más amplia destinada a concentrar la propiedad de la tierra en pocas manos. Morales argumentó que la política del Gobierno actual es hostil hacia el movimiento popular e indígena, lo que ha provocado un descontento generalizado.
Por último, Morales reflexionó sobre el tiempo que lleva Rodrigo Paz en el poder, sugiriendo que seis meses son suficientes para que un Gobierno muestre resultados tangibles. “Lo que enoja al pueblo son las mentiras”, sostuvo, haciendo énfasis en que las promesas no cumplidas generan un clima de desconfianza y frustración. Su mensaje es claro: la movilización popular no cesará hasta que se escuchen las demandas del pueblo y se reviertan las políticas que han llevado a Bolivia a esta crisis.
En este contexto, la situación en Bolivia se presenta como un punto de inflexión que podría redefinir la política del país en los próximos meses. La dinámica de poder entre el Gobierno y los sectores populares se encuentra en un punto crítico, y el desenlace de estas protestas podría tener repercusiones significativas para el futuro del país.



