El Reino de Esuatini, conocido anteriormente como Suazilandia, ha anunciado la exitosa repatriación de un ciudadano camboyano deportado desde Estados Unidos. Este acontecimiento, que se produce en el contexto de un acuerdo firmado en 2025 durante la administración de Donald Trump, refleja los esfuerzos del gobierno suazi por gestionar la repatriación de nacionales de terceros países. El ciudadano en cuestión, identificado como Pheap Rom, fue repatriado gracias a la mediación de la embajada de Camboya en Washington y el apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En un comunicado oficial, el Gobierno de Esuatini expresó su satisfacción por la culminación del proceso de repatriación, destacando el trabajo conjunto realizado con las autoridades camboyanas. La comunicación subrayó el agradecimiento del Gobierno por la colaboración y la buena voluntad mostrada durante el proceso, que incluyó la facilitación del regreso y la reintegración de Rom en su país de origen. Este tipo de operaciones son parte de un esfuerzo más amplio del Ejecutivo suazi para abordar la situación de los ciudadanos de terceros países que se encuentran en su territorio.
Esuatini ha reafirmado su compromiso de llevar a cabo repatriaciones de manera ordenada y respetuosa con los derechos humanos, asegurando que se mantendrá el acuerdo con Estados Unidos. Sin embargo, la repatriación de personas deportadas ha sido objeto de críticas por parte de organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Estas ONG han denunciado que los deportados a menudo enfrentan situaciones de vulnerabilidad, como la falta de acceso a asistencia legal y la posibilidad de ser recluidos en instalaciones penitenciarias sin cargos formales en su contra.
Las organizaciones han instado a los países africanos a rechazar los acuerdos de expulsión firmados con Estados Unidos, argumentando que estos ponen en riesgo a cientos de personas al exponerlas a detenciones arbitrarias, malos tratos y el temor de ser devueltas a sus naciones de origen, donde podrían enfrentar persecución o tortura. La situación se complica aún más por la reanudación de vuelos de deportación desde EE.UU. hacia terceros países, lo cual fue autorizado por la Corte Suprema de ese país, permitiendo a la administración Trump implementar una política de inmigración más estricta.
Desde su asunción, Trump ha impulsado una serie de medidas para acelerar las deportaciones, incluyendo la firma de acuerdos con varias naciones africanas, entre ellas Esuatini, Ghana, Ruanda, Uganda y Sudán del Sur. En virtud de estos acuerdos, Washington se comprometió a destinar 5,1 millones de dólares a Esuatini, un hecho que fue confirmado por las autoridades del país africano a medios internacionales en noviembre del año pasado.
Esuatini, un pequeño estado con una población de aproximadamente 1,2 millones de habitantes, enfrenta serios desafíos socioeconómicos, con un 60% de su población viviendo por debajo del umbral de pobreza según datos del Banco Mundial. A pesar de estos problemas, el país sigue siendo gobernado por el rey Mswati III, quien ha estado en el poder desde 1986 y ejerce una monarquía absoluta, concentrando el poder ejecutivo y legislativo, aunque se celebran elecciones cada cinco años para elegir a los miembros de la Cámara Baja del Parlamento, quienes actúan como consejeros del monarca.
En conclusión, la repatriación de Pheap Rom no solo resalta la complejidad de la política migratoria entre Estados Unidos y los países africanos, sino que también pone de relieve la necesidad de un enfoque más humano y respetuoso de los derechos de las personas involucradas en estos procesos de deportación. La comunidad internacional y las organizaciones defensoras de derechos humanos continúan vigilando de cerca estas políticas y sus repercusiones en la vida de los deportados y sus familias.



