La reciente cumbre Shield of the Americas, llevada a cabo en Miami, simboliza un renovado enfoque estratégico de Estados Unidos hacia el hemisferio occidental. Convocada por el presidente Donald J. Trump, este encuentro reunió a una docena de líderes de la región y a dos presidentes electos, con la finalidad de establecer una coalición hemisférica destinada a combatir el crimen organizado transnacional y recuperar la estabilidad del continente. Este evento no fue meramente protocolar, sino que marcó el inicio de una nueva fase en la política exterior de Washington.

Históricamente, América Latina y el Caribe habían ocupado un lugar marginal en las prioridades geopolíticas de Estados Unidos, un ciclo que parece haber llegado a su fin. El hemisferio occidental vuelve a ser considerado un área de interés estratégico crucial para la nación norteamericana.

Este cambio de rumbo se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, presentada en noviembre de 2025, que establece que es vital para el país mantener su liderazgo en la región, ya que su seguridad y prosperidad dependen de ello. Además, la cumbre en Miami evidencia una inquietud más amplia respecto a la creciente influencia de China en sectores clave de América Latina, desde la infraestructura hasta las telecomunicaciones. La estabilidad en la región no solo es un tema de seguridad interna, sino también una parte esencial de la competencia global por la hegemonía económica y política.