En un reciente evento organizado por la prestigiosa escuela de negocios IESE, Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca, realizó un análisis crítico sobre el estado actual del multilateralismo y su impacto en la economía global. Según Escotet, estamos presenciando un notable retroceso en la cooperación internacional, aunque no necesariamente una pérdida total de estos mecanismos. El directivo subrayó que la incertidumbre que antes era vista como una excepción, ha pasado a convertirse en la norma, sugiriendo que este entorno volátil ha llegado para quedarse.
Escotet explicó que los organismos internacionales, que solían ser fundamentales para mediar conflictos y promover la paz, han visto disminuida su eficacia en el contexto actual. Este cambio ha llevado a la necesidad de contar con administraciones más eficientes y ágiles en la toma de decisiones, capaces de adaptarse rápidamente a un mundo en constante cambio. La situación exige un enfoque renovado en la gestión de las relaciones internacionales y la economía, donde la previsibilidad se ha vuelto un valor escaso.
En este marco, el presidente de Abanca anticipó que la seguridad y la autonomía estratégica se volverán prioritarias, lo que impulsará la adopción de nuevas estrategias empresariales como el 'nearshoring' y el 'friendshoring'. Estas prácticas, que implican la reubicación de procesos productivos a países cercanos o aliados, reflejan un cambio significativo en las cadenas de suministro globales. Aunque Escotet reconoció que estas estrategias pueden ofrecer ventajas, también advirtió que el costo de producción se incrementará, ampliando la complejidad de las operaciones comerciales.
Además, el titular de Abanca describió un entorno geopolítico en el que la economía ha sido objeto de un 'takeover' por parte de las dinámicas de poder. La transición de un mundo bipolar a uno multipolar, tanto en términos de influencia como de monedas, marca un cambio radical en el panorama económico global. Escotet argumentó que estamos avanzando hacia un sistema de 'policentrismo monetario', donde el dólar estadounidense, tradicionalmente dominante, está perdiendo su protagonismo a favor de otras monedas emergentes.
El análisis de Escotet se apoyó en cifras concretas: en el año 2000, el 71% de las reservas internacionales de los bancos centrales estaban en dólares, mientras que hoy esa cifra ha caído al 51%. Este descenso representa un cambio profundo en la estructura financiera global y refleja la creciente diversificación de las reservas monetarias a nivel mundial, lo que podría tener consecuencias significativas en la economía global.
Asimismo, el presidente de Abanca abordó el impacto de la Inteligencia Artificial en el empleo y en el costo de vida. A pesar de que prevé aumentos significativos en la productividad como resultado de la IA, Escotet también destacó que estos cambios no están ocurriendo con la rapidez deseada. Esta situación plantea interrogantes sobre la presión que se ejercerá sobre las tasas de interés y cómo las tensiones inflacionistas seguirán influyendo en los mercados financieros. La inestabilidad creciente en este contexto podría generar un entorno aún más desafiante para las instituciones financieras y los inversores.
Por otro lado, Escotet también se refirió a la competencia que representan los neobancos, que operan con estructuras más simples y menos reguladas. Según él, esta asimetría regulatoria crea desventajas significativas para las entidades tradicionales, que deben cumplir con un marco regulatorio más estricto. Ante este panorama, el desafío para los bancos convencionales será adaptarse a esta nueva realidad competitiva sin sacrificar la estabilidad y la confianza del consumidor.


