El testimonio de Jorge Bacigalupo, ex sargento de la Policía, ha vuelto a poner en jaque la autenticidad y el origen de los cuadernos que desencadenaron uno de los mayores escándalos de corrupción en la política argentina. En una audiencia reciente en Comodoro Py, Bacigalupo, quien entregó los cuadernos al periodista Diego Cabot, no pudo proporcionar respuestas contundentes a las preguntas de las defensas, lo que generó un clima de incertidumbre en torno a la validez de la evidencia presentada en el caso.
Durante su declaración, Bacigalupo mostró signos de frustración y se negó a participar en lo que calificó como un “juego” legal. A lo largo de su intervención, repitió en múltiples ocasiones que no recordaba ciertos detalles cruciales, lo que levantó sospechas entre los abogados defensores. Este tipo de evasivas ha sido interpretado como un intento de proteger información que podría ser perjudicial para la prosecución del caso.
El testigo también abordó su relación con Oscar Centeno, el chofer que originalmente le entregó la caja con los cuadernos, afirmando que mantuvo el material en su poder entre diez y catorce meses antes de entregarlo a Cabot. Esta prolongada retención de la documentación despierta cuestionamientos sobre la naturaleza y el contenido de los cuadernos, así como sobre las motivaciones de Bacigalupo al decidir entregarlos a un periodista en lugar de a las autoridades policiales, considerando que supuestamente contenían información sobre corrupción.
En un momento crucial de la audiencia, la fiscalía se opuso a que se indagara a Bacigalupo sobre por qué optó por no entregar la caja a la policía. Ante la insistencia de las defensas, el tribunal reformuló la pregunta, a lo que Bacigalupo respondió que no podía presentar una denuncia sin pruebas que la respaldaran. Esto plantea un dilema sobre la ética y la responsabilidad de un ex funcionario policial al manejar información potencialmente comprometedora sin actuar de inmediato ante las autoridades.
El ex sargento relató cómo Cabot abrió la caja en su casa, utilizando un cuchillo que él mismo le proporcionó. Según Bacigalupo, solo pudo ver brevemente el contenido cuando Cabot la abrió, pero no tuvo acceso directo al material, lo que limita su credibilidad como testigo. En sus propias palabras, enfatizó que nunca manipuló los documentos, dejando claro que su rol fue meramente el de un intermediario en la entrega de la información.
Un aspecto que destaca en el testimonio de Bacigalupo es su noción de patriotismo. Al justificar su decisión de entregar la caja a Cabot, mencionó que se trataba de un asunto que “importaba al país” y que su acción no era personal, sino en beneficio de la nación. Esta declaración sugiere que el ex sargento se considera un actor en una trama más grande, donde la verdad y la justicia son fundamentales. Sin embargo, su falta de claridad sobre el número de veces que Cabot visitó su hogar añade una capa de confusión a su narrativa.
Bacigalupo también compartió sus antecedentes laborales, incluyendo su conocimiento de Centeno en una remisería y su posterior colaboración en el Ministerio de Planificación. Este contexto laboral podría ser relevante para entender la relación entre los actores involucrados y la dinámica de poder que rodea la entrega de los cuadernos. Finalmente, el testimonio de Bacigalupo dejará una marca en el desarrollo del caso, ya que plantea más preguntas que respuestas, y resalta las complejidades de un proceso judicial que sigue generando controversias e incertidumbres.



