El 2 de marzo de 1976 se marcó un hito en la política argentina, ya que las actividades gubernamentales se reanudaban tras el receso de verano. En este contexto, Lorenzo Miguel, un influyente líder sindical, comenzaba a mover las piezas en un tablero marcado por la inestabilidad. Isabel Martínez de Perón regresaba de unas vacaciones en Chapadmalal, mientras el país se encontraba inmerso en diversas problemáticas, desde la crisis en el sector energético hasta quejas de periodistas brasileños sobre la infraestructura de los estadios para el próximo Mundial de fútbol.
En medio de este clima de tensión, Miguel organizó una reunión clave en la Casa de Gobierno, que reunió a Isabelita con representantes de las 62 Organizaciones. Este encuentro, considerado uno de los más significativos previos al golpe militar, abordó la compleja situación política y económica del país. Además de Miguel, participaron figuras como Rogelio Papagno y Felipe Mascali, quienes discutieron la necesidad de una respuesta unificada ante la creciente crisis.
Los rumores sobre cambios en el Gabinete empezaron a circular, con menciones a posibles reemplazos en las carteras de Trabajo y Economía. A pesar de la convulsión, Miguel abogó por la defensa de la investidura presidencial, distanciándose de otros líderes que buscaban una legitimación mediante alianzas con los militares. En una declaración contundente, reafirmó su apoyo a Isabelita y prometió que no habría paros ni acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, marcando su postura en un momento decisivo para el país.



