Lima, 24 de marzo (Redacción Medios Digitales) - En el segundo día del debate presidencial en Perú, la figura del exmandatario Pedro Castillo, quien fue destituido en 2022 y actualmente cumple una condena de más de 11 años de prisión por un intento de golpe de Estado, volvió a estar presente. Este evento reunió a once candidatos, la mayoría de los cuales no superan el 4% de intención de voto en las encuestas, quienes vieron en este espacio una oportunidad para captar la atención del electorado a solo dos semanas de las elecciones.
Entre los participantes, destacaron figuras cercanas a Castillo, como Roberto Sánchez Palomino, exministro y actual legislador por Juntos por el Perú, y Carlos Jaico, ex secretario presidencial, representante de Perú Moderno. También estaba convocado Vladimir Cerrón, líder del partido Perú Libre, que impulsó la campaña de Castillo en 2021. Sin embargo, Cerrón no asistió, ya que se encuentra en la clandestinidad tras una orden judicial de prisión preventiva en su contra, lo que plantea un interrogante sobre su influencia en el actual panorama político.
Sánchez, quien llegó al debate portando el emblemático sombrero que Castillo utilizó en su campaña, aprovechó la ocasión para recordar que el exmandatario le había solicitado usarlo como símbolo de apoyo a su candidatura. Durante su intervención, el exministro criticó la creciente criminalidad en Perú, afirmando que existe un pacto entre esta y un sector de la clase política, al tiempo que defendió a Castillo, argumentando que la justicia se había desviado de su propósito al tenerlo encarcelado injustamente.
El debate se centró en temas como la seguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción, donde Sánchez hizo hincapié en la necesidad de una nueva Constitución que reconozca la diversidad plurinacional del país. Afirmó que Perú, a pesar de sus 200 años de independencia, no ha logrado integrar a las comunidades indígenas quechuas y aimaras, que demandan un cambio en el régimen económico actual. Su discurso resonó con los sectores que sienten que han sido marginados por el sistema político tradicional.
Por su parte, la exministra Fiorella Molinelli, del partido Fuerza y Libertad, utilizó el debate para apuntar a Cerrón, mostrando una foto de él y señalando que solo así podría debatir con alguien que se encuentra prófugo de la justicia. Molinelli no dudó en recordar que Castillo había intentado dar un golpe de Estado, lo que llevó a la entonces vicepresidenta Dina Boluarte a asumir el poder, un giro que sigue dividiendo a la opinión pública en Perú.
Jaico, por su parte, centró su discurso en la necesidad de reformar la Policía Nacional y la Fiscalía, argumentando que las actuales leyes del Congreso han favorecido el crimen en lugar de combatirlo. Propuso fortalecer la inteligencia policial y eliminar la presencia de organizaciones criminales en el territorio peruano, una promesa que busca atraer a aquellos ciudadanos preocupados por la creciente inseguridad.
El debate también incluyó a otros aspirantes, como los exalcaldes George Forsyth, Ricardo Belmont y Álvaro Paz de la Barra, quienes aportaron sus visiones sobre la situación actual del país. A medida que se acerca la fecha de las elecciones, el ambiente político se torna cada vez más tenso, y el legado de Castillo sigue siendo un tema central que influye en las estrategias de campaña de los candidatos. La sombra del exmandatario no solo se proyecta sobre quienes fueron sus colaboradores, sino que también afecta a la percepción pública de los nuevos líderes que intentan marcar un rumbo diferente en la política peruana.


