La situación económica del país comienza a tener un efecto notable sobre la percepción pública de la gestión de Javier Milei. A medida que se acercan las elecciones presidenciales de 2027, las encuestas revelan un panorama inquietante: el descontento social, generado por la inflación persistente, el aumento de tarifas y la disminución del consumo, está erosionando la confianza en el Gobierno. Este fenómeno no solo se limita al descontento general, sino que también se traduce en un cambio en las preferencias electorales, donde el estado del bolsillo se convierte en un factor determinante para los votantes.
Las encuestas indican que el descontento no se restringe únicamente a los sectores opositores, sino que también afecta a una parte del electorado oficialista. A medida que los ciudadanos enfrentan el ajuste, la pérdida del poder adquisitivo y las dificultades para cubrir sus necesidades básicas, surgen indicios de agotamiento en el apoyo hacia la gestión actual. Aunque el oficialismo aún cuenta con un núcleo de votantes leales, la gran interrogante es si podrá mantener este respaldo si no se percibe una mejora significativa en las condiciones económicas.
Un estudio reciente del Monitor de Opinión Pública (MOP) de la consultora Zentrix subraya que la economía se ha convertido en un elemento clave en la contienda electoral. Un 63% de los encuestados opina que el Gobierno debería modificar su enfoque económico actual. Además, más de la mitad de los participantes anticipa que sus decisiones de voto para las elecciones de 2027 dependerán de variables económicas, marcando un claro cambio en la forma en que los ciudadanos evalúan a sus líderes.
El informe detalla que el 28,3% de los votantes decidirán su elección basándose en el estado económico del país, mientras que un 17,9% lo hará considerando un posible cambio de dirección en las políticas. Por otro lado, un 14,2% se fijará en la situación económica particular de su hogar. Juntos, estos datos reflejan que el desempeño económico se ha convertido en el eje central de la próxima campaña electoral.
El estudio también revela preocupantes tendencias en la economía doméstica. Un 85,1% de los encuestados considera que sus salarios no logran mantenerse al día con la inflación, y un 64,4% afirma que sus ingresos solo les permiten cubrir gastos hasta el día 20 de cada mes. A este panorama se suma una inquietante percepción entre los votantes libertarios de 2025, donde el 66,2% sostiene que sus salarios continúan perdiendo frente al aumento de precios, lo que refuerza la idea de que la economía se ha vuelto un tema de preocupación transversal.
La percepción sobre la inflación también está comenzando a afectar la credibilidad del Gobierno. Un 70,6% de los encuestados cree que las cifras oficiales del INDEC no reflejan la realidad que enfrentan en su vida diaria. Más de la mitad de los participantes se identifica dentro de los sectores bajos o medios bajos de la estructura social, lo que sugiere un contexto de desesperanza que podría complicar aún más el panorama electoral.
Asimismo, un análisis de Proyección Consultores muestra que el desgaste económico está impactando negativamente la legitimidad política del Gobierno. El Índice de Confianza Pública, que mide la percepción de los ciudadanos sobre la gestión, cayó de 2,08 puntos en febrero a 1,88 en mayo. Este descenso ha llevado al índice a una zona de “desconfianza”, lo que pone en evidencia el creciente malestar en la población hacia la administración actual. En este contexto, la evaluación positiva del Gobierno ha disminuido drásticamente, pasando de un 58,5% a un 34%, lo que refleja un cambio significativo en la opinión pública que podría tener repercusiones en las futuras elecciones.


