La reciente Cumbre sobre Envejecimiento Inteligente llevada a cabo en Oxford ha arrojado importantes conclusiones sobre cómo el estilo de vida influye en la salud durante la vejez. Un informe elaborado por el Proyecto de Longevidad de Oxford sostiene que al menos el 80% de los problemas de salud que enfrentan las personas mayores son consecuencia de decisiones individuales. Este documento, que reúne las voces de expertos en medicina, fisiología y educación, desafía las creencias comunes sobre la inevitabilidad del deterioro relacionado con la edad, sugiriendo que los individuos tienen un control significativo sobre su bienestar a medida que envejecen.

El informe, mencionado por distintos medios británicos, ha sido elaborado por un panel que incluye a figuras destacadas como Sir Christopher Ball y Sir Muir Gray. Ball, a sus 91 años, ha señalado que aunque algunos consideran que el impacto del estilo de vida puede ser aún mayor, un 80% es una estimación razonable. Entre las recomendaciones que surgen de este análisis se encuentran evitar el consumo de alimentos ultraprocesados, limitar la ingesta de alcohol y fomentar hábitos de sueño saludables, así como no cenar después de las 18:30, prácticas que, según los autores, podrían tener un efecto positivo significativo en la salud de las personas mayores.

El informe también llama a la acción a las autoridades británicas, sugiriendo la implementación de regulaciones más estrictas en cuanto al consumo de alcohol, similar a las que se han establecido para el tabaco. Sir Christopher Ball enfatiza la peligrosidad del alcohol, al señalar que “es tóxico y no debería ser consumido”. Esta postura resalta la idea de que el entorno y el estilo de vida juegan un papel más crucial que la genética en la longevidad, una afirmación que encuentra respaldo en investigaciones previas llevadas a cabo por Oxford Population Health y el Estudio de Gemelos de Referencia.

Sin embargo, la recepción del informe no ha sido unánime. Expertos en salud pública y epidemiología han manifestado inquietudes respecto a sus conclusiones. Nancy Krieger, profesora en la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, argumenta que aunque el estudio cuestiona el determinismo genético, deja de lado factores sociales fundamentales como la pobreza, el trabajo, la contaminación y la influencia de políticas públicas en la salud. Este enfoque podría dar una visión distorsionada de la realidad, al no considerar el contexto en el que se encuentran las personas.

Por su parte, Steven Woolf, director del Centro sobre Sociedad y Salud de la Universidad de la Commonwealth de Virginia, considera que el informe simplifica excesivamente las causas que llevan a una mala salud en la población. Woolf subraya que existen numerosos factores ajenos a las decisiones personales que también juegan un papel determinante en la salud de los individuos, lo que sugiere que el enfoque del informe podría ser demasiado limitado.

Devi Sridhar, directora del departamento de salud pública global de la Universidad de Edimburgo, coincidió en parte con la estimación del 80%, pero también destacó la fuerte correlación entre el estatus socioeconómico y la salud. Subrayó que las políticas públicas juegan un rol crucial en el bienestar individual, cuestionando si realmente se puede asumir que aquellos con mayores recursos económicos muestran más disciplina en sus hábitos de vida. Esta crítica pone de relieve la complejidad del tema, donde la responsabilidad individual no puede ser analizada de manera aislada de las condiciones sociales.

Finalmente, el profesor emérito Jay Olshansky de la Universidad de Illinois en Chicago también ha puesto en duda la validez de la cifra presentada en el informe. Olshansky señala que estos porcentajes necesitan un contexto claro para ser útiles, sugiriendo que si se relacionan con una esperanza de vida promedio superior a los 87 años, podrían no ser realistas. El informe de Oxford se apoya en estudios como el Estudio de Gemelos de Referencia, que concluyó que al menos el 75% de la esperanza de vida está influenciada por factores ambientales y de estilo de vida que pueden ser modificados, lo que abre un amplio campo de debate sobre la relación entre nuestras elecciones y nuestra salud a lo largo de los años.