Desde la llegada de la segunda gestión de Donald Trump, Estados Unidos ha intensificado su búsqueda de un liderazgo renovado en América Latina, enfocándose en ampliar su influencia en diversas áreas como la economía, el comercio, la inversión y la seguridad pública. Un reciente informe del Institute of International Finance (IIF) destaca que la intervención militar en Venezuela y el significativo apoyo financiero a Argentina reflejan un esfuerzo por restaurar la preeminencia estadounidense en la región, al tiempo que se busca contener la influencia de potencias no hemisféricas. Esta estrategia se lleva a cabo a través de canales financieros y mecanismos de estabilización del mercado, evitando programas formales.

En paralelo, se observa cómo China utiliza sus recursos económicos de manera estratégica para consolidar su presencia en la región, asegurando acceso a mercados y materias primas esenciales. Según el IIF, el enfoque de EE. UU. ha sido notablemente selectivo, lo que incrementa el riesgo político y genera diferencias en los precios de los activos en América Latina. Esta dinámica ha llevado a que los países de la región adopten posturas políticas pragmáticas y a menudo transaccionales, lo que requiere ajustes constantes en sus relaciones exteriores.

El informe también mapea la exposición de los países latinoamericanos a los cambios en la política estadounidense, revelando que México, Colombia y Centroamérica son los más vulnerables a esta dinámica. En contraste, Argentina y Chile se alinean más estrechamente con las prioridades de EE. UU. Los analistas del IIF sugieren que las próximas elecciones en Brasil y Perú podrían beneficiar las relaciones bilaterales, ya que las prioridades estadounidenses ofrecen oportunidades para mejorar la credibilidad institucional. Aquellos países que logren aprovechar estas interacciones para diversificar sus opciones de financiamiento y fortalecer su disciplina política serán los que capten el mayor potencial de inversión en este panorama cambiante.