Hace medio siglo, el gobierno de Isabel Perón se encontraba en una encrucijada, con crecientes críticas a su gestión y un descontento generalizado entre la población. El entonces ministro del Interior, Roberto Ares, insistía en que un nuevo plan económico estaba en camino, desestimando las preocupaciones que surgían desde diversos sectores, incluidos empresarios y sindicalistas. Sin embargo, el clima político era cada vez más tenso, y la situación se tornaba insostenible.
El 17 de marzo de 1976, los líderes militares, liderados por Jorge Rafael Videla, decidieron convocar de urgencia a José Alfredo Martínez de Hoz, un economista identificado con el liberalismo, para que asumiera un papel clave en el nuevo gobierno. A pesar de que Martínez de Hoz se encontraba en un safari en África, los militares lograron que regresara y se reunieran con él. En esa reunión, los comandantes le explicaron la urgencia de su participación y el contexto en el que tendría que operar: un país sumido en la guerra contra la subversión y con la necesidad de implementar medidas económicas sin alienar a la población.
Videla justificó posteriormente la decisión de llevar a cabo el golpe, argumentando que la situación bajo el gobierno de Perón era insostenible y que había un clima de inestabilidad en el país. Sin embargo, también reconoció que hubo críticas, especialmente de figuras como Álvaro Alsogaray, quien se opuso al derrocamiento. Este episodio se inscribe en un capítulo oscuro de la historia argentina, marcado por la represión y las decisiones económicas que moldearían el futuro del país.



