En un contexto de creciente preocupación entre los exportadores argentinos, el canciller Pablo Quirno ha confirmado que el Gobierno está llevando a cabo recortes en las devoluciones de impuestos a las empresas exportadoras. Durante una reciente conferencia, Quirno argumentó que estas medidas son consecuencia de limitaciones presupuestarias que impiden garantizar el reintegro de los impuestos que las empresas abonan a lo largo de su cadena productiva. Esta situación ha generado un malestar palpable en el sector, que se ve afectado por la contradicción de una política oficial que promueve las exportaciones mientras restringe los beneficios fiscales necesarios para mantener la competitividad en el mercado internacional.
Las alarmas comenzaron a sonar a finales de 2025, cuando los exportadores notaron una disminución drástica en las devoluciones de impuestos, que culminó en febrero de este año con la falta total de reintegros, así como de devoluciones por IVA. Según estimaciones internas, en los primeros cuatro meses del año, las devoluciones de impuestos han caído un 25% en términos reales, mientras que las devoluciones del IVA se redujeron aún más, alcanzando una disminución del 50%. Entre enero y abril, los reintegros alcanzaron un total de $191.000 millones y las devoluciones de IVA sumaron $163.000 millones, cifras que contrastan con la inflación acumulada, que en abril se situó en un 32,4% interanual.
A pesar de que el Gobierno enfatiza su compromiso con el impulso de las exportaciones, la realidad muestra que la política fiscal se mantiene estricta, lo que añade presión sobre el costo de los productos que se exportan. En el caso del IVA, las empresas no pueden transferir este impuesto a sus compradores en el exterior. Esto significa que las empresas deben absorber este costo, lo que puede impactar negativamente en sus márgenes de ganancia y, en última instancia, en la competitividad de sus productos.
Los reintegros, por otro lado, son un mecanismo diseñado para compensar a las empresas por los impuestos que han acumulado a lo largo de la cadena de producción. Cada sector tiene un nivel de beneficio diferente, dependiendo de la extensión de su cadena de valor. Por ejemplo, en la producción de aceite de soja, el proceso es relativamente corto y directo, mientras que en la industria textil, las cadenas pueden incluir entre cinco y siete etapas, cada una generando diferentes tipos de impuestos que deben ser cubiertos. Esta diferencia presenta un desafío adicional para los sectores más complejos, que dependen en gran medida de estos reintegros para funcionar de manera sostenible.
Desde la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), se ha manifestado un creciente descontento frente a la situación actual. Los empresarios han expresado su frustración ante la falta de respuestas concretas del Gobierno, que ha respondido con promesas de soluciones a corto plazo. Sin embargo, la realidad es que los niveles de pagos a las empresas en términos nominales se han mantenido estancados desde 2025, lo que plantea un escenario complicado para quienes dependen de estas devoluciones para mantener su actividad exportadora en un contexto de inflación elevada.
Por otro lado, la balanza comercial de abril ha registrado un superávit histórico de u$s2.711 millones, logrando así el 29º mes consecutivo en terreno positivo. Este superávit se ha visto impulsado por un aumento significativo en las exportaciones, que totalizaron u$s8.914 millones, lo que representa un incremento del 33,6% interanual. Este crecimiento se debe en parte a un aumento del 20,6% en las cantidades exportadas y de un 10,8% en los precios, lo que sugiere que la demanda internacional por productos argentinos sigue siendo robusta, a pesar de las dificultades internas que enfrenta el sector.
Analistas del mercado, respaldados por el desempeño del campo, la energía y la minería, proyectan que las ventas al exterior podrían alcanzar un récord de u$s100.000 millones este año. Sin embargo, el éxito de estas proyecciones dependerá en gran medida de la capacidad del Gobierno para equilibrar la necesidad de fortalecer la disciplina fiscal con la urgencia de apoyar a un sector exportador que es fundamental para la economía argentina. La situación actual plantea un desafío significativo para las políticas económicas del país, que deberán ser revisadas para garantizar un entorno favorable para las exportaciones, vital para el desarrollo económico.



