El Gobierno argentino ha logrado, al menos temporalmente, frenar la crisis política que lo afectaba desde el inicio del año, un fenómeno que se intensificó en los últimos meses. A pesar de la masiva movilización universitaria que tuvo lugar esta semana, el oficialismo ha encontrado un respiro al consolidar su poder ante el creciente desafío que representa Javier Milei y su entorno. Este cambio en la dinámica política se ha visto facilitado por la actitud de varios gobernadores, quienes, en lugar de alinearse completamente con el líder libertario, han optado por mantener los mecanismos de poder que permiten al Gobierno bloquear iniciativas opositoras, aunque esto no le permita avanzar en sus propios proyectos.

Las encuestas reflejan un panorama complicado para el presidente, quien, aunque ha dejado de perder apoyo, sigue enfrentando un escenario de alta incertidumbre. La nueva situación se ha trasladado también al ámbito legislativo, donde se observa un alineamiento de algunos sectores con Milei, a pesar de que la oposición se encuentra en una posición de minoría. Karina, figura clave dentro del oficialismo, ha logrado establecer acuerdos que le permiten liderar comisiones fundamentales, como la que supervisa los servicios de inteligencia y la que se encarga de los decretos de necesidad y urgencia. Esta estrategia busca fortalecer el control del Gobierno frente a un congreso cada vez más fragmentado.

En cuanto a la economía, la inflación ha dado un respiro a la Casa Rosada, a pesar de que los precios siguen siendo elevados y el dólar mantiene una estabilidad precaria. La administración actual celebra el avance de proyectos como el RIGI, aunque es consciente de que estos no impactan significativamente en una recaudación que ha disminuido. Este contexto económico, sumado a la gestión política, genera una sensación de inestabilidad que el oficialismo intenta manejar con cautela. Sin embargo, la percepción del electorado sobre la situación económica sigue siendo un obstáculo importante para la recuperación de la imagen del Gobierno.

A pesar de la aparente calma, Milei ha mostrado signos de nerviosismo en su discurso público, volviendo a adoptar un estilo agresivo y directo que había prometido dejar atrás. Esta actitud podría interpretarse como un intento de reconectar con su base, que, sin embargo, parece estar cada vez más reducida y menos activa. Las encuestas indican que solo alrededor del 20% de los votantes se sienten alineados con su gestión, mientras que una porción mayoritaria de la población empieza a mostrar signos de aprobación hacia la administración actual. Esta contradicción sugiere un dilema interno en el espacio libertario sobre cómo proceder en un contexto en el que el rechazo al modelo económico de Milei se ha vuelto evidente.

La situación se torna más compleja cuando se analizan los datos de las encuestas, donde un 52,5% de los encuestados manifiestan su descontento con la dirección económica del país, y un 25,2% señala los escándalos de corrupción como un factor de preocupación. Este malestar persistente plantea serias dificultades para que el oficialismo recupere la popularidad que ha perdido en el camino. Los problemas no parecen ser únicamente atribuibles a la figura de Manuel Adorni, sino que se relacionan directamente con el modelo de gestión que ha elegido Milei, donde la recuperación de imagen está intrínsecamente ligada a la situación económica de los ciudadanos.

En este contexto, el Gobierno ha adoptado el discurso del “riesgo kuka” como una estrategia narrativa. Esta semana, Luis Caputo ha intentado explicar esta creación conceptual, que se presenta como un arma de doble filo para la administración. Por un lado, Milei necesita mantener al kirchnerismo en el centro del debate político para fortalecer su campaña de reelección, mientras que, por otro lado, también enfrenta el riesgo de que el retorno de un gobierno peronista pueda impactar negativamente en la economía del país. Esta tensión entre la necesidad de un enemigo político y los riesgos económicos inherentes a dicha narrativa refleja la compleja realidad a la que se enfrenta el oficialismo en su búsqueda por consolidar su posición en un ambiente político cada vez más competitivo.