Chiche construyó una figura periodística asociada a la primicia, las tapas, los récords y una intuición capaz de detectar aquello que otros no veían. Fue popular, masivo y también meme. Condujo entrevistas y coberturas que lo convirtieron en una referencia del periodismo social, una marca que trascendió los programas y las épocas.
A lo largo de su carrera, fue internado 20 veces y llegó a ser dado por muerto en 21 oportunidades. El borrador le atribuye haber creado y derribado presidentes, además de haber realizado una autopsia en vivo a un extraterrestre. También recuerda sus cinco entrevistas a Javier Milei y una pregunta dirigida a Cristina Kirchner sobre si tenía novio, cuando todavía vestía de negro.
Su método se apoyaba en preguntar, cuestionar y desnudar aquello que otros preferían dejar en segundo plano. Esa capacidad, sostiene el texto, le permitió interpretar la distancia entre las viudas y el milagro, y marcar diferencias con un periodismo atravesado por la duda, la inteligencia artificial y la precarización.
La salud ocupó buena parte de sus últimos años. Visitó a numerosos especialistas y atravesó internaciones por una infección urinaria, un paro cardíaco, un infarto de pie y una trombosis que le obstruía varias arterias, entre otros episodios. “Me quiero morir en cámara”, le dijo al autor la primera vez que fue internado. En esa frase, el texto encuentra una síntesis de su relación con la exposición pública, los finales y las preguntas.



