La inflación global, impulsada en parte por las políticas comerciales del gobierno de Estados Unidos, está comenzando a afectar de manera significativa a los consumidores. Un reciente estudio realizado por la consultora KPMG revela que un 34% de las grandes empresas han comenzado a trasladar la mayor parte de los costos derivados de los aranceles a los precios finales de sus productos. Esta cifra representa un notable incremento en comparación con el 21% registrado en septiembre de 2025 y el 13% de mayo de ese mismo año, justo después de que se intensificaran las políticas arancelarias.

La encuesta, que abarcó a 300 ejecutivos de empresas con ingresos que superan los mil millones de dólares, también señala que más de la mitad de los encuestados (55%) anticipa aumentos de precios de al menos un 15% en los próximos seis meses. Esto ocurre en un contexto donde las presiones sobre los costos continúan siendo elevadas, lo que plantea serias preocupaciones sobre el poder adquisitivo de los consumidores y el consumo en general.

Además, el informe destaca que el aumento de precios no se limita a los productos que están directamente afectados por las tarifas comerciales. Un 37% de las empresas reconoció haber incrementado precios en bienes que no están sujetos a aranceles, mientras que un 19% aplicó subas que superan el impacto directo de los costos de importación. Esto sugiere que las empresas están aprovechando la situación de inflación para ajustar sus precios de manera más amplia.

Brian Higgins, responsable del sector de manufactura industrial de KPMG en Estados Unidos, comentó que "la carga de los aranceles ahora recae directamente sobre el consumidor". Aunque en un primer momento las compañías absorbieron parte del impacto en sus márgenes, la mayoría ha comenzado a reestructurar sus esquemas de precios, adaptándose a un entorno donde las presiones de costos parecen ser una constante.

El endurecimiento de las políticas arancelarias también está teniendo un efecto palpable en las actividades comerciales. Según el informe, el 82% de las empresas encuestadas reportó una caída en sus ventas externas, mientras que el 61% indicó una disminución en las ventas dentro del mercado estadounidense. Estos datos alimentan las preocupaciones sobre el impacto de las tensiones comerciales en el crecimiento económico, especialmente en un contexto donde el aumento de precios podría obstaculizar el consumo.

La situación se complica aún más tras el reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos, que declaró ilegales algunos de los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump. Sin embargo, el presidente ya ha manifestado su intención de reimponer medidas similares bajo otros marcos legales. De hecho, inmediatamente después de la decisión judicial, el gobierno avanzó con aranceles globales del 10%, que, según la normativa vigente, solo pueden mantenerse por un período limitado de hasta 150 días.

La incertidumbre sobre el alcance y la naturaleza de las futuras medidas arancelarias continúa siendo un tema candente. Sectores como el comercio minorista y los bienes de consumo son los más vulnerables a estas políticas, debido a la complejidad de sus cadenas de producción y la diversidad de productos que ofrecen. A medida que las empresas ajustan sus precios y los consumidores enfrentan mayores costos, el panorama económico se vuelve cada vez más incierto y desafiante para todos los actores involucrados.