La abogada santiagueña Agostina Páez, de 29 años, ofreció su primera declaración pública tras su detención en Brasil, un episodio que ha generado gran controversia y repercusiones en el ámbito social y legal. En una entrevista, la letrada intentó contextualizar sus acciones que, según su testimonio, surgieron en un momento de tensión y malentendido durante una discusión en un bar de Ipanema, Río de Janeiro, donde realizó gestos que fueron interpretados como racistas.
Páez relató que el incidente, que derivó en su arresto y en una imputación por injuria racial, ocurrió en un contexto de desacuerdo por una cuenta mal cobrada. “Observé a una persona que se estaba tocando los genitales y, en un arrebato, reaccioné de una manera que no pensé que podría ser interpretada como racista”, explicó. Reconoció que la magnitud de sus acciones no fue comprendida en el momento y que, tras la viralización del video, se dio cuenta de la gravedad de su conducta, una reflexión que hizo tras recibir la citación policial.
Luego de pasar 60 días bajo custodia de la justicia brasileña, la abogada se enfrentó a las consecuencias de sus actos en un país donde las leyes contra el racismo son particularmente estrictas, especialmente tras la reciente reforma del Código Penal en 2023. “Cuando me notificaron sobre la citación, pensé que era un malentendido. Pero al presentarme, me dijeron que no podía salir de Brasil y que debía usar una tobillera electrónica. Al ver el video, entré en pánico y empecé a comprender el impacto de mis acciones”, añadió, mostrando su angustia por la situación.
En la misma entrevista, Páez abordó el tema de un video reciente en el que su padre, Mariano Páez, también realizó gestos similares, lo que intensificó la controversia. “Me sentí devastada al ver eso. No sabía cómo reaccionar. Sentí mucha vergüenza y enojo”, manifestó, diferenciándose de las acciones de su padre y reafirmando su responsabilidad personal en este episodio desafortunado. “Lo que se muestra en el video es inaceptable y lo repudio de manera rotunda”, enfatizó.
La abogada finalmente pudo regresar a Argentina después de que se le otorgara un habeas corpus que le permitió retirar la tobillera electrónica y recuperar su pasaporte. Para ello, tuvo que pagar una caución cercana a los 20.000 dólares y fijar un domicilio en el país. Este procedimiento legal no solo le permitió volver a su hogar, sino que también le otorgó la oportunidad de reflexionar sobre su conducta y el contexto del racismo en la sociedad argentina.
Al concluir su relato, Páez dejó una profunda reflexión sobre el racismo en Argentina. “Es un tema que muchos prefieren ignorar, pero es real y está presente en nuestra sociedad”, afirmó. También expresó que, aunque se siente culpable por su comportamiento, no considera que el castigo sea injusto, dado que se trata de una ley. “Soy consciente de mis errores y pido disculpas sinceras. Sin embargo, las reacciones extremas que recibí me parecen desproporcionadas”, concluyó, apuntando a la necesidad de un diálogo más constructivo sobre el racismo en el país.



