En Ecuador, las lluvias intensas que han azotado al país desde el inicio de 2026 han dejado un saldo trágico de 20 personas fallecidas, según el último informe de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR). Este fenómeno ha generado no solo pérdidas humanas, sino también un impacto considerable en la infraestructura y el bienestar de la población, con más de 124.000 personas afectadas por las inclemencias del tiempo.
El último de los decesos se registró en la provincia de Azuay, donde un deslizamiento de tierra, consecuencia directa de las fuertes lluvias, cobró la vida de una persona. Este evento se suma a la muerte de un hombre en Cotopaxi, quien fue arrastrado por un aluvión; aunque el anuncio de su fallecimiento se emitió el martes, ocurrió un día antes. Estas tragedias han puesto de relieve la vulnerabilidad de muchas comunidades ante fenómenos climáticos cada vez más frecuentes y severos.
La situación en el país es alarmante: además de las vidas perdidas, hay un total de 124.520 ciudadanos afectados, 293 viviendas destruidas y cerca de 73 kilómetros de vías en estado crítico. La provincia más impactada es Guayas, con su capital en Guayaquil, que reporta 62.353 personas en situaciones de riesgo, seguida de Los Ríos, donde 33.634 ciudadanos enfrentan dificultades similares. Sin embargo, las provincias de Cotopaxi y Azuay se destacan por ser las más trágicas en términos de fatalidades, acumulando 5 y 4 muertes respectivamente.
Desde el 19 de mayo, el gobierno ecuatoriano ha declarado una alerta amarilla en 17 de las 24 provincias del país, medida que busca preparar a las comunidades para enfrentar los posibles efectos del fenómeno de El Niño, que se prevé intensifique las lluvias. Esta alerta tiene como objetivo activar los comités de emergencia, fomentar la planificación de respuestas y coordinar acciones de protección para la ciudadanía. La preparación y la prevención son clave para mitigar el impacto de las lluvias, que históricamente han causado estragos en el país.
El fenómeno de El Niño, conocido por provocar variaciones climáticas significativas en la región, plantea desafíos adicionales para un país que ya enfrenta la adversidad. El gobierno ecuatoriano, en este contexto, está haciendo un llamado a la acción para que las municipalidades y provincias refuercen sus planes de respuesta y se preparen para enfrentar las posibles inundaciones, deslizamientos y otros desastres naturales que puedan surgir.
La crisis actual en Ecuador no solo resalta la necesidad urgente de infraestructura adecuada y sistemas de alerta temprana, sino también la importancia de la concienciación comunitaria. La población debe estar informada sobre cómo actuar en caso de emergencias y cómo colaborar con las autoridades en la gestión de riesgos. La participación activa de la comunidad en la planificación y ejecución de estrategias de prevención es fundamental para salvaguardar vidas y reducir daños materiales en el futuro.



