El reciente cambio de rumbo del petrolero Sea Horse, que supuestamente transportaba crudo ruso hacia Cuba, podría agravar aún más la crisis de combustible que enfrenta la nación caribeña. Este buque, que transportaba alrededor de 200 mil barriles de gasóleo ruso según Kpler Ltd., ha interrumpido su trayecto y se encuentra a la deriva en el Atlántico Norte, después de realizar una transferencia de carga en las cercanías de Chipre.

La situación de escasez de combustible en Cuba se ha intensificado desde el comienzo del año, con una notable disminución en la disponibilidad de energía. Las imágenes satelitales muestran una reducción de hasta el 50% en la iluminación nocturna del país, lo que evidencia el impacto en la vida diaria, afectando desde la cocina en los hogares hasta el transporte público. Este contexto se ha visto complicado por la detención en Estados Unidos de un buque con destino a la isla en 2023, además de las restricciones impuestas durante la administración de Donald Trump, que han dificultado el acceso a recursos energéticos.

El temor a represalias y aranceles estadounidenses ha llevado a países que solían ser aliados, como México, a suspender sus envíos de petróleo hacia Cuba. La travesía del Sea Horse se percibía como una prueba a la capacidad de Estados Unidos para limitar el acceso cubano a fuentes de energía externas. Este desvío se suma a acciones similares de otros buques, como el Ocean Mariner, que transportaba 30 mil barriles de diésel colombiano y que finalmente descargó en las Bahamas. Las medidas de control implementadas por Estados Unidos han resultado en la incautación de al menos diez buques involucrados en el transporte de petróleo bajo sanciones.