En el contexto de la prolongada guerra en Sudán, las deserciones dentro de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) están comenzando a generar un impacto significativo en el desarrollo del conflicto. Estas deserciones, que parecen ser impulsadas por rivalidades internas y luchas por el control del poder, se han intensificado en los últimos días, sugiriendo una posible fractura en las filas de este grupo paramilitar. La guerra, que ya ha cobrado la vida de cientos de miles de personas y ha causado un estancamiento en el frente de batalla, podría estar experimentando un cambio crucial en su dinámica.
Uno de los episodios más recientes de deserción fue protagonizado por el comandante Ali Rizqalá, conocido como Al Savanah. Este líder militar anunció su decisión de abandonar las FAR mediante una grabación en la que responsabiliza a Abdulrahim Hamdan Dagalo, subcomandante y hermano del líder de las FAR, Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti. Desde el comienzo de este conflicto armado en abril de 2023, que ha sido calificado como uno de los peores en la historia del país, las tensiones internas han ido en aumento, y la deserción de Rizqalá podría ser un reflejo de esta crisis.
Rizqalá, quien dirigía una unidad de combate de las FAR, expresó que su decisión no responde a un alineamiento con ningún bando, sino a un impulso por apoyar la voluntad del pueblo y buscar una salida pacífica al conflicto. Acusó a Abdulrahim de concentrar el poder en sus manos, controlando no solo las armas y financiamiento, sino también los suministros médicos y el pago de salarios a los miembros del grupo. Esta acumulación de poder en manos de unos pocos parece estar generando descontento entre los combatientes, quienes se sienten cada vez más alejados de los ideales originales que llevaron a la creación de las FAR.
Las deserciones no son un fenómeno aislado, ya que desde el inicio del conflicto, se han registrado cambios de lealtad entre varios altos mandos. Abdelfatah al Burhan, presidente del Consejo Soberano y líder del Ejército sudanés, ha reiterado en numerosas ocasiones su disposición a aceptar a aquellos miembros de las FAR que opten por dejar las armas. Esto ha incentivado a diferentes grupos de combatientes a considerar la rendición como una opción viable, lo que podría ser un indicativo de que el apoyo interno hacia las FAR está comenzando a desmoronarse.
Fuentes locales han confirmado que en las últimas semanas se han entregado varios grupos de combatientes de las FAR en la región de Kordofán. Entre ellos, se han mencionado seis comandantes de unidades de combate que han decidido rendirse, lo que sugiere que la deserción está tomando una forma más estructural y organizada. Algunos de estos mandos estarían buscando negociar garantías antes de abandonar las filas, lo que evidencia un cambio en la percepción de la situación de combate y un posible debilitamiento de la moral en el interior de las FAR.
Por su parte, las FAR han desmentido de manera sistemática las informaciones sobre las deserciones, especialmente aquellas que involucran a altos mandos. Al Basha Tabiq, asesor político de las FAR, intentó minimizar la repercusión de estos abandonos, calificándolos como actos de traición motivados por promesas engañosas. Tabiq argumenta que las revoluciones pasan por momentos difíciles donde algunos abandonan la lucha mientras otros persisten, sugiriendo que la lealtad y el sacrificio son valores que continúan siendo fundamentales dentro del grupo.
Los expertos en seguridad, como Ibrahim Abdelqader, consideran que estas deserciones son una señal de una crisis profunda dentro de las FAR. Las tensiones étnicas y las lealtades tribales han alimentado disputas internas que, a lo largo del tiempo, han ido erosionando la cohesión del grupo. Este fenómeno, que se ha ido acumulando desde antes del inicio del conflicto, parece estar finalmente saliendo a la luz, lo que podría tener repercusiones significativas en la evolución de la guerra en Sudán.
En resumen, la situación actual en Sudán, marcada por las deserciones en las FAR y el aumento de las tensiones internas, plantea un escenario complejo y cambiante. La búsqueda de paz y estabilidad por parte de algunos combatientes puede ser un indicativo de que la guerra, que ha dejado una profunda huella en el país, podría estar acercándose a un punto de inflexión. A medida que se desarrollan estos acontecimientos, será crucial seguir de cerca las dinámicas de poder y las decisiones de los líderes en el terreno, ya que podrían definir el futuro del conflicto en Sudán.



