La situación en Cuba se ha vuelto crítica, y en este contexto, la organización no gubernamental (ONG) Quisicuaba se ha visto forzada a aumentar su asistencia a las personas más vulnerables de la isla. Actualmente, la fundación religiosa, que tiene su sede en Los Sitios, uno de los barrios más empobrecidos de La Habana, alimenta a más de 12.500 personas diariamente. Este incremento es una respuesta directa a la profunda crisis económica y social que atraviesa el país, donde cada día se incrementa la cantidad de ciudadanos que dependen de la ayuda alimentaria para sobrevivir.

El comedor social de Quisicuaba se ha convertido en un símbolo de resistencia y dedicación. Con un equipo de cocineros que trabaja desde la madrugada hasta altas horas de la noche, la organización prepara alrededor de 700 kilos de arroz al día, acompañados de vegetales y atún. Además, se reporta un aumento constante de beneficiarios, con la incorporación de entre 15 y 20 nuevos rostros cada jornada, lo que refleja la desesperante realidad que enfrentan miles de cubanos.

El presidente de Quisicuaba, Enrique Alemán, explicó que en los años 2018 y 2019, la asistencia diaria se mantenía en torno a 700 personas, una cifra que parecía estable dentro de un contexto difícil. Sin embargo, la llegada de la pandemia significó un punto de inflexión, disparando el número de beneficiarios hasta alcanzar los actuales 12.524. Esta explosión en la demanda de ayuda alimentaria es un claro indicador de la descomposición de las condiciones de vida en Cuba, acentuada por una contracción del PIB que supera el 15% entre 2020 y 2025.

Las dificultades económicas se ven agravadas por el bloqueo petrolero y las sanciones impuestas por Estados Unidos, que han llevado al país a una situación de crisis sin precedentes. Alemán subrayó que la escasez de hidrocarburos es uno de los problemas más críticos que enfrenta la nación. "Sostener un país sin un suministro estable de combustible es prácticamente imposible", afirmó, describiendo las dificultades diarias del comedor, que ha tenido que recurrir al uso de carbón ante cortes prolongados de electricidad.

El impacto de las sanciones va más allá de la restricción directa a la economía cubana. Según Alemán, organizaciones y gobiernos que podrían colaborar con la isla optan por no hacerlo debido al temor a represalias, lo que limita gravemente la capacidad de la ONG para llevar a cabo su labor. Esto crea un círculo vicioso en el que la falta de apoyo internacional contribuye a la agudización de la crisis humanitaria.

Además de su comedor, Quisicuaba gestiona una variedad de programas sociales, que incluyen un centro médico integral en La Habana, un hogar para adultos mayores y programas de prevención del VIH. A lo largo de todo el país, la ONG beneficia a cerca de 500.000 personas, alrededor del 6% de la población cubana, a través de 34 iniciativas distintas. Con un equipo que incluye 220 trabajadores y alrededor de 70 voluntarios, la fundación opera con un presupuesto que superará los 195.000 euros en 2025, sin recibir apoyo del Estado cubano.

La financiación proviene principalmente de fundaciones internacionales y grupos de solidaridad, aunque Alemán señala que la cantidad de recursos está disminuyendo. En este contexto, el líder de Quisicuaba hizo un llamado a una mayor implicación de organismos internacionales como las Naciones Unidas, enfatizando la necesidad de una respuesta más activa ante la crisis que enfrenta la isla. La situación amerita una atención urgente y un compromiso renovado de la comunidad internacional para ayudar a Cuba a superar esta difícil realidad, donde millones de ciudadanos luchan por acceder a lo más básico para vivir.