Cuba se prepara para una jornada crítica este martes, ya que se estima que hasta un 44% de su territorio quedará sin suministro eléctrico durante las horas de mayor demanda. Esta situación, que ha sido confirmada por la Unión Eléctrica (UNE), se enmarca en un contexto de crisis energética que ha ido agravándose en las últimas semanas. Los apagones no son un fenómeno nuevo en la isla, pero la magnitud de la afectación de hoy se presenta como uno de los episodios más severos en un entorno ya complicado.

Desde el pasado domingo, la isla ha estado experimentando cortes de energía que han superado el 40% de la capacidad de suministro, un aumento significativo en comparación con el promedio de entre el 33 y 39% registrado la semana anterior. Este incremento se ha visto ligado a la llegada del petrolero ruso Anatoly Kolodkin a finales de marzo, que trajo consigo 100.000 toneladas de crudo. Sin embargo, las autoridades locales han indicado que este combustible refinado solo estaba disponible hasta finales de abril, lo que ha contribuido a la agudización de la crisis.

La UNE, organismo bajo el Ministerio de Energía y Minas, ha proyectado que la capacidad de generación eléctrica durante el horario pico de este martes alcanzará los 1.770 megavatios (MW), mientras que la demanda máxima se elevará a 3.100 MW. Esto implica un déficit de 1.330 MW, que será necesario compensar mediante cortes programados, estimándose que 1.370 MW serán desconectados para evitar un colapso total del sistema. La situación pone de manifiesto no solo los problemas técnicos del sistema eléctrico cubano, sino también la urgencia de reformas estructurales que permitan una mejora sostenible en el suministro energético.

La crisis energética en Cuba tiene raíces profundas, que se pueden atribuir a un sistema de generación obsoleto que no ha recibido las inversiones necesarias para modernizarse. A esto se suma un elemento coyuntural: el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos desde enero, que ha sido calificado por Naciones Unidas como una medida que contraviene el derecho internacional. Este bloqueo ha tenido un impacto devastador en la economía cubana, dificultando el acceso a insumos básicos y generando una situación de “asfixia energética”, según las declaraciones oficiales del gobierno cubano.

En el contexto actual, de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país, ocho no están operativas debido a averías o mantenimiento, lo que representa el 40% del mix energético. Otro 40% de este mix depende de motores de generación que requieren diésel y fueloil, recursos que han estado paralizados desde enero debido al bloqueo. Por su parte, el 20% restante de la generación eléctrica proviene de fuentes de gas y renovables, con un creciente interés en la energía solar, impulsada en parte por la colaboración con China.

Cuba necesita aproximadamente 100.000 barriles de petróleo diarios para satisfacer su demanda energética, de los cuales solo 40.000 son producidos a nivel nacional. Este desbalance entre la oferta y la demanda, sumado a los problemas estructurales del sistema energético, plantea un escenario sombrío para el futuro inmediato del país. La posibilidad de apagones recurrentes podría generar un descontento social que, en un contexto de crisis económica, ya muestra signos de tensión en la población cubana.