El empresario Cristóbal López, principal accionista del Grupo Indalo, se presentó este jueves en los tribunales federales de Comodoro Py para ofrecer su testimonio en el juicio por la causa de los Cuadernos, que actualmente está siendo juzgada por el Tribunal Oral Federal N°7. Durante su declaración, López no solo defendió su inocencia, sino que también arrojó luz sobre lo que considera una trama orquestada por el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio, a quienes acusó de haber fabricado los cargos en su contra. Esta declaración se suma a la de otros empresarios que han comenzado a relatar experiencias similares, donde se han sentido coaccionados a mentir sobre los delitos que se les imputaban, lo que pone en duda la legitimidad de la instrucción del caso.

En su intervención, López abordó la figura de Ernesto Clarens, un financista que se convirtió en testigo colaborador, y su evolución en las declaraciones a lo largo del proceso judicial. El empresario se centró en la primera declaración de Clarens, realizada el 17 de agosto de 2018, cuando el financista negó conocerlo y desmintió haber recibido pagos en su oficina. Sin embargo, a partir de esa declaración inicial, Clarens cambió su versión, afirmando que había cometido un error al respecto y luego implicando a Sebastián Eskenazi y al Grupo Petersen en actividades de pagos ilegales.

López destacó que esta modificación de la declaración de Clarens no fue casual, sino que respondió a una serie de presiones que el financista habría recibido para alterar su testimonio. Según el empresario, la relación entre Bonadio y el Grupo Petersen, del cual Eskenazi es parte, se remonta a la época de Carlos Menem, cuando Bonadio ocupaba cargos cercanos al poder. Esta amistad, según López, habría influido en la decisión de excluir a los representantes de Petersen del expediente, dado que su conexión con el juez era significativa y podría haber comprometido la imparcialidad del proceso.

El empresario también hizo referencia a una denuncia presentada por el kirchnerismo contra Bonadio, que involucraba bienes de su hijo en el contexto de tensiones políticas. López reveló que, para justificar el patrimonio de su hijo, se argumentó que estos bienes provenían de préstamos de Eskenazi y de otros individuos, lo que a su juicio evidencia una relación de protección mutua entre Bonadio y el empresario.

La revelación de López echa luz sobre la manipulación que pudo haber existido en torno a las declaraciones de Clarens, quien se ha negado a declarar en el juicio hasta el momento. Según López, las amenazas de detención que pesaban sobre el financista fueron un factor determinante para que se viera obligado a cambiar su testimonio de manera reiterada, lo que pone en entredicho la credibilidad de su colaboración.

La exposición de Cristóbal López en los tribunales pone de manifiesto una serie de irregularidades que podrían afectar el desarrollo del juicio. La relación entre los protagonistas de la causa, como Stornelli y Bonadio, y los empresarios implicados, levanta interrogantes sobre la transparencia del sistema judicial argentino y la posibilidad de que intereses personales hayan influido en el proceso. A medida que avanza el juicio, las declaraciones y testimonios continuarán siendo scrutinados, y la sociedad estará atenta a cómo se resuelve esta compleja trama judicial que ha captado la atención del país en los últimos años.