La situación en Bolivia ha alcanzado un punto crítico, reflejado en el trágico fallecimiento de un niño de 12 años, el cual se suma a un total de cuatro muertes relacionadas con la falta de atención médica urgente debido a los bloqueos en las carreteras. Estos bloqueos, que son parte de las protestas violentas contra el Gobierno, han impedido el acceso de ambulancias y otros servicios esenciales, generando un estado de emergencia en el sistema de salud del país. El Ministerio de Salud de Bolivia ha confirmado estos decesos, lamentando profundamente la pérdida de vidas que podrían haberse evitado con un acceso adecuado a la atención médica.
El niño que perdió la vida era oriundo del municipio de Pocoata, en el norte de Potosí, y fue ingresado al hospital de Llallagua con un diagnóstico de trauma abdominal grave que requería atención quirúrgica inmediata. Sin embargo, los bloqueos de las carreteras impidieron que la ambulancia que lo trasladaba pudiera llegar a su destino. Ante la imposibilidad de seguir hacia la capital Potosí, el vehículo se dirigió a Oruro, pero lamentablemente, el menor falleció en el camino. Este caso resalta la gravedad de la situación en la que se encuentran muchos bolivianos que necesitan asistencia médica urgente, pero que se ven atrapados en un contexto de protestas y bloqueos.
El Ministerio de Salud no solo ha expresado sus condolencias a la familia del niño, sino que también ha hecho un llamado a la comunidad para que se priorice la vida sobre cualquier conflicto social o político. En su comunicado, instó a los manifestantes a permitir el paso de ambulancias y solicitó la implementación de un corredor humanitario que asegure el acceso a atención médica para todos, especialmente en tiempos de crisis. La desesperación de las autoridades sanitarias se hace evidente, ya que cada día que pasa sin solución, más vidas están en riesgo.
La muerte del menor se ha visto acompañada por otras tres víctimas, entre las que se incluye a una ciudadana de Belice, quien también falleció por no recibir atención médica a tiempo debido a las mismas circunstancias. Las protestas, que comenzaron hace más de dos semanas lideradas por sindicatos de campesinos aimaras, han generado un clima de tensión social que se ha expandido a varias regiones del país, incluyendo La Paz, Oruro, Cochabamba, Santa Cruz y Chuquisaca. Los manifestantes han exigido la renuncia del presidente Rodrigo Paz, en un contexto de creciente descontento popular.
La Paz, que alberga los poderes Ejecutivo y Legislativo, se ha convertido en el epicentro de estas manifestaciones, donde la Central Obrera Boliviana y simpatizantes del ex presidente Evo Morales han tomado la delantera en las protestas. Este descontento ha llevado a la parálisis de servicios esenciales y ha generado una escasez alarmante de alimentos, combustible y suministros médicos, entre los que se incluye el oxígeno medicinal, vital en medio de la crisis sanitaria provocada por la pandemia de COVID-19.
Las consecuencias económicas de estas manifestaciones han sido severas. La Cámara Nacional de Industrias (CNI) ha informado que las pérdidas para el sector industrial superan los 600 millones de dólares, afectando también a la programación de eventos culturales y deportivos. En este contexto, tanto el Gobierno como la Defensoría del Pueblo y la Iglesia Católica han reiterado sus llamados a los manifestantes para que se habiliten corredores humanitarios que permitan el tránsito de ambulancias y la entrega de suministros básicos. La situación en Bolivia continúa siendo crítica, con múltiples actores clamando por soluciones que salvaguarden la vida y el bienestar de los ciudadanos en medio del conflicto.



