La situación fiscal en Argentina se encuentra en un punto crítico, con el gobierno de Javier Milei enfrentando crecientes dificultades para sostener su plan de ajuste económico. El ministro de Economía, Luis Caputo, ha reconocido que el superávit fiscal, una de las bases del programa actual, ya no puede mantenerse solo con recortes presupuestarios, y que es imperativo que la recaudación impositiva comience a incrementar. Este cambio en la narrativa oficial se produce en un contexto donde, a pesar de celebraciones iniciales por un aparente repunte en la actividad económica en marzo, los datos más recientes indican una desaceleración preocupante, con pronósticos que sugieren un nuevo retroceso en abril, según la consultora Equilibra.
El presidente Milei se ha manifestado sobre la situación, afirmando que se encuentra "atado al mástil" del superávit fiscal. Sin embargo, este mástil parece tambalearse a medida que la recaudación se ha visto afectada por nueve meses consecutivos de caídas. La reciente cifra de la deuda flotante ha generado un consenso entre los analistas: si se considera este factor, el resultado fiscal de marzo podría haber sido deficitario, lo que plantea serias dudas sobre la viabilidad del ajuste fiscal.
La falta de recursos se hace evidente en sectores críticos como la salud, donde las tensiones y protestas han aumentado notablemente. En respuesta, el Ministerio de Hacienda tuvo que habilitar transferencias al PAMI, mientras que los exportadores han denunciado retrasos en los pagos de reintegros. Además, se anticipa una reestructuración en el área de Capital Humano, que podría resultar en cientos de despidos, sumado a nuevos retiros voluntarios en diversas áreas estatales.
En cuanto a las cifras del gasto, durante el primer trimestre de 2026, se observó una disminución del 5% en comparación con el mismo período del año anterior. A este recorte se le añade una reciente modificación de partidas que implica un ajuste adicional de $2,4 billones. Caputo ha declarado que el gasto público ha retrocedido a niveles de la década de 1990 y ha admitido que el margen para seguir realizando ajustes es cada vez más limitado, lo que genera incertidumbre sobre la dirección futura de las políticas económicas.
La pregunta que empieza a resonar con mayor insistencia en el ámbito económico es si el ajuste ha encontrado su límite. Tras el optimismo inicial por el crecimiento de la actividad económica en marzo, el último informe de Equilibra ha encendido nuevamente las alarmas, anticipando una caída del 1,5% en la actividad para abril y un descenso interanual del 1%. Esta dinámica de "serrucho", que se ha mantenido desde febrero de 2025, muestra que en nueve de los últimos quince meses se han registrado caídas en la actividad económica.
Si se analiza más de cerca, los sectores que tradicionalmente podrían impulsar el crecimiento, como la construcción, la industria y el comercio, también presentan un panorama desalentador. La construcción se encuentra un 20% por debajo de los niveles ya bajos de 2023, mientras que la industria y el comercio han caído un 3,2% y un 3% respectivamente. Aunque la Unión Industrial Argentina aplaude la reducción de impuestos, cada vez son más las voces que claman por medidas efectivas que logren reactivar el consumo y mejorar la situación económica del país.
En medio de este complejo escenario, los salarios no parecen mostrar signos de recuperación y el empleo en el sector privado registrado continúa en descenso. Volviendo a las palabras de Caputo, la gran interrogante es cómo se puede esperar un incremento en la recaudación si estas condiciones persisten, lo que plantea un desafío significativo para el equipo económico del gobierno a medida que avanza el año.


