En los últimos días, Corea del Sur ha sido escenario de un fuerte rechazo hacia Starbucks, impulsado por una campaña publicitaria que ha sido considerada insensible y ofensiva por muchos ciudadanos y autoridades. La situación se ha intensificado con el anuncio de varios sindicatos de empleados del gobierno que han llamado a un boicot nacional contra la popular cadena de cafeterías. Este movimiento surge tras la controversia generada por la campaña conocida como 'Tank Day', que coincidió con el aniversario del trágico levantamiento de Gwangju de 1980, donde miles de manifestantes perdieron la vida a manos del régimen militar.
La campaña de Starbucks, que buscaba promocionar un nuevo producto relacionado con sus vasos térmicos, rápidamente se convirtió en un foco de indignación. La elección del nombre 'Tank Day', que en inglés puede traducirse como 'Día del tanque', fue interpretada como una referencia a los vehículos militares que fueron utilizados para reprimir violentamente a los manifestantes en Gwangju. Este levantamiento fue un hito en la lucha por la democracia en Corea del Sur, y la conexión entre el nombre de la campaña y la masacre histórica generó una ola de críticas en redes sociales, donde muchos usuarios compartieron videos desechando productos de la marca.
La respuesta institucional no se hizo esperar. El Ministro del Interior surcoreano, Yun Ho-jung, anunció que evitaría utilizar productos de Starbucks en actos oficiales, mientras que el líder del Partido Democrático, Jung Chung-rae, instó a los candidatos y voluntarios de su partido a abstenerse de visitar las cafeterías de la cadena. Este clima de rechazo ha llevado a que el boicot se convierta en una tendencia visible en todo el país, con muchas personas desinstalando la aplicación de la empresa y renunciando a sus tarjetas de regalo.
La controversia escaló aún más cuando Starbucks se vio forzada a retirar la campaña en cuestión en cuestión de horas, lo que llevó al despido del director ejecutivo de Starbucks Korea, Son Jung-hyun. La sede global de la compañía, así como el presidente del Grupo Shinsegae, Chung Yong-jin, que opera la franquicia en el país, emitieron disculpas públicas. Sin embargo, esto no fue suficiente para apaciguar a los grupos cívicos que exigen una disculpa oficial y sincera, así como la renuncia de Chung, quien ha sido señalado como responsable de la falta de sensibilidad de la campaña.
Además de las repercusiones en el ámbito empresarial, el caso ha llegado a la justicia. La Policía Metropolitana de Seúl está investigando una denuncia presentada por un activista contra Chung y Son, acusándolos de difamación e insulto a las víctimas del levantamiento de Gwangju. Esta situación ha puesto de manifiesto las tensiones existentes en la sociedad surcoreana respecto a la forma en que se aborda la memoria histórica y el respeto hacia las víctimas de la lucha por la democracia.
El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, también se pronunció sobre la polémica, calificando la campaña de Starbucks como un acto “inhumano y depravado”, que ofende la memoria de quienes lucharon por la libertad en el país. Las declaraciones del mandatario reflejan un creciente sentimiento de descontento en la población respecto a la falta de sensibilidad de algunas corporaciones, especialmente en un país donde la historia reciente está tan marcada por el dolor y la lucha por derechos fundamentales.
Según datos de Starbucks, Corea del Sur se había convertido en su tercer mercado más importante a nivel mundial con la mayor cantidad de tiendas a finales de 2025, lo que hace que la situación actual represente no solo un desafío para la imagen de la empresa, sino también para su estrategia comercial en una región tan significativa para su expansión. La situación es un recordatorio de la importancia de la responsabilidad social corporativa y de la necesidad de que las empresas sean más conscientes de su impacto en la sociedad, especialmente cuando se trata de temas tan delicados como la memoria histórica y los derechos humanos.


