En un contexto marcado por la crisis energética que se desencadena a raíz del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, China ha incrementado sus exportaciones de petróleo hacia el Sudeste Asiático. Esta estrategia, lejos de ser un acto de caridad, refleja un enfoque de diplomacia económica que busca consolidar la influencia de Pekín en la región. Así lo señala Zameer Yusof, analista de la consultora Kpler, quien destaca que China aplica una lógica política en la asignación de sus envíos de crudo, controlando cuidadosamente sus exportaciones, especialmente desde marzo, cuando comenzaron a surgir problemas de abastecimiento debido a la tensión en Oriente Medio.
A pesar de las restricciones impuestas para proteger su propio suministro, los datos de monitoreo revelan un notable aumento en las exportaciones de diésel hacia Filipinas y productos petroleros limpios, que incluyen queroseno y nafta, dirigidos a Vietnam. Ambos países, que enfrentan crisis energéticas severas y mantienen disputas territoriales con China en el mar de China Meridional, se han visto forzados a buscar soluciones urgentes para mitigar la escasez de combustible. En este marco, Manila declaró un estado nacional de emergencia energética a finales de marzo, mientras que Vietnam eliminó impuestos sobre el combustible y facilitó las importaciones de queroseno, lo que ha permitido a sus aerolíneas reducir vuelos ante la falta de suministro.
Los datos de exportación reflejan un incremento significativo en los envíos de China hacia varios países del Sudeste Asiático. En marzo, las exportaciones de combustibles, aceites y productos derivados alcanzaron un total de 10.927,2 millones de yuanes, equivalentes a 1.539 millones de dólares, lo que representa un aumento del 55% en comparación con los promedios de enero y febrero. Este crecimiento en las exportaciones no se debe únicamente a un aumento en los precios del petróleo, que en ese mes alcanzó cerca de 120 dólares por barril, ya que las ventas hacia otros aliados de China en el Sur Global, como Sudáfrica, disminuyeron en un 58% durante el mismo período.
Zameer Yusof subraya que la decisión de China de incrementar sus exportaciones a ciertos países en crisis no es aleatoria. "China no está reabriendo el grifo; está eligiendo, de forma muy deliberada, qué cubos llenar", afirma el analista. En este contexto, el régimen de control de exportaciones de Pekín implica que cada barril de petróleo que sale del país requiere de aprobación estatal, lo que refleja una estrategia política bien definida sobre quién recibe suministros y bajo qué condiciones.
El Sudeste Asiático, al igual que gran parte de Asia, tiene una dependencia significativa del crudo proveniente de los países del Golfo Pérsico. Sin embargo, la guerra en Irán ha afectado el tráfico a través del estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético global. Esta situación ha llevado a las naciones de la región a buscar alternativas, y China ha sabido aprovechar esta necesidad para reforzar su posición como proveedor clave en el sector energético.
La creciente influencia de China a través de su política de exportación de crudo no solo tiene implicaciones económicas, sino que también redefine las dinámicas geopolíticas en el Sudeste Asiático. Los países de la región, que se encuentran en una encrucijada entre buscar apoyo de potencias tradicionales como Estados Unidos o acercarse a China, se ven obligados a considerar cuidadosamente sus opciones. De esta manera, la diplomacia del barril se convierte en una herramienta poderosa que no solo abastece necesidades inmediatas, sino que también establece relaciones de dependencia y colaboración en un mundo cada vez más interconectado.



