El gobierno chino ha decidido priorizar la adopción de inteligencia artificial (IA) como parte fundamental de su estrategia económica para los próximos cinco años. Esta iniciativa busca contrarrestar el envejecimiento de la población laboral y revertir la desaceleración económica que enfrenta el país, que presenta su meta de crecimiento más baja desde 1991.

Durante la inauguración del Congreso Nacional del Pueblo, las autoridades compartieron sus planes para maximizar el potencial de la IA, destacando su capacidad de generar nuevos empleos. La ministra de Recursos Humanos, Wang Xiaoping, enfatizó en la necesidad de incorporar esta tecnología para facilitar la inserción laboral de los 12,7 millones de graduados universitarios que se sumarán al mercado laboral en el presente año.

Sin embargo, este optimismo por parte del gobierno se ve confrontado por preocupaciones planteadas por organismos internacionales y expertos en la materia. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que la IA podría afectar hasta el 40% de los empleos en todo el mundo, cifra que se eleva al 60% en las economías más desarrolladas. En este contexto, las universidades chinas están adaptando sus programas educativos para preparar a los estudiantes en habilidades que la automatización no puede reemplazar, como el pensamiento crítico y la creatividad, esenciales en un mercado laboral en transformación.

Mientras tanto, sectores como el automotriz ven en la IA una oportunidad para revitalizar sus operaciones. Directivos de empresas de este rubro han reconocido que la implementación de nuevas tecnologías obligará a reestructuraciones significativas. Zhu Huarong, presidente de Changan Automobile, expresó su optimismo respecto a que estas innovaciones llevarán a la industria a un nuevo periodo de crecimiento, a pesar de las tensiones que ya se sienten en el ámbito laboral, especialmente en áreas como el transporte, donde la automatización amenaza con reemplazar puestos de trabajo.

Finalmente, el desafío que enfrenta China es considerable, ya que además de buscar un crecimiento sostenible, debe lidiar con un desempleo juvenil persistente y un futuro previsional que se complicará con la jubilación de 300 millones de personas en la próxima década.