En su carta de la semana, Fernando J. Bustillo plantea que una democracia madura debería permitir reconocer los aciertos de un gobierno y, al mismo tiempo, señalar sus errores sin quedar atrapada en posiciones partidarias. En ese sentido, sostiene que respaldar determinadas políticas no implica transformarse en oficialista, del mismo modo que cuestionar al Gobierno no debería llevar necesariamente a reivindicar el modelo que lo precedió.
El autor reconoce que Javier Milei no cumplió todas sus promesas y advierte que persisten dificultades sociales y económicas. También señala que varias reformas estructurales continúan pendientes y que existen decisiones que deberían ser revisadas. Sin embargo, considera que sería deshonesto negar cambios como el equilibrio fiscal, el fin de la emisión destinada a financiar al Estado, la desregulación y una nueva concepción del gasto público.
Bustillo sostiene que la discusión central debería enfocarse en si corresponde abandonar el rumbo por no haber producido todavía todos los resultados esperados o si, en cambio, es necesario profundizarlo y corregir aquello que no funciona. “Apoyar el rumbo no significa aplaudir al Gobierno”, afirma. Para el autor, se trata de reconocer los aciertos, cuestionar las fallas y exigir el cumplimiento de las promesas. “Una democracia madura no necesita militantes ni fanáticos: necesita ciudadanos que piensen”, concluye.
Fernando J. Bustillo
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