El Gobierno brasileño ha dado a conocer un paquete de medidas fiscales con el objetivo de mitigar el impacto del reciente aumento en los precios del petróleo a nivel internacional. Esta alza de precios, que ha sido provocada por el conflicto en Medio Oriente, ha llevado a la administración de Luiz Inácio Lula da Silva a actuar en defensa de los consumidores, especialmente de aquellos sectores más vulnerables.

Durante una conferencia de prensa, el presidente Lula afirmó que el Ejecutivo está comprometido a tomar todas las acciones posibles para proteger a la población de los efectos adversos de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Entre las medidas anunciadas, destaca la eliminación temporal de dos impuestos federales sobre el diésel, lo que se traduce en una disminución de 0,32 reales por litro. Además, se otorgará una subvención equivalente a dicha cantidad a los productores e importadores de diésel, lo que podría resultar en un alivio total de 0,64 reales por litro en las estaciones de servicio.

El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, explicó que el enfoque se centra en el diésel, dado que este combustible enfrenta una presión mayor en la actualidad, siendo esencial para el sector agropecuario, que se encuentra en plena preparación para una cosecha histórica. Asimismo, se ha decretado un impuesto sobre las exportaciones de combustible, con el fin de promover el procesamiento en las refinerías locales y asegurar el abastecimiento interno, además de equilibrar el impacto financiero derivado de las subvenciones y eliminación de impuestos, que se estima en 30.000 millones de reales (aproximadamente USD 5.700 millones). Por último, la Agencia Nacional del Petróleo tendrá nuevas facultades para supervisar aumentos de precios considerados injustificados, asegurando que los productores no se beneficien de la situación internacional mediante precios abusivos.