En un contexto marcado por la ausencia del principal partido opositor, los ciudadanos de Benín se preparan para participar en las elecciones presidenciales programadas para este domingo. Con el objetivo de mantener el control del poder, el oficialismo ha designado al actual ministro de Economía y Finanzas, Romuald Wadagni, como su candidato para suceder al presidente Patrice Talon, quien se encuentra en la etapa final de su segundo mandato. Este proceso electoral, que se desarrollará en más de 17.000 colegios electorales, está destinado a decidir el futuro político de un país que ha experimentado cambios significativos en su estructura electoral en los últimos años.
La convocatoria a las urnas abarca a aproximadamente 7,9 millones de votantes en un país con una población cercana a los 15 millones. Los ciudadanos podrán emitir su voto desde las 07:00 hasta las 16:00 horas locales. En el extranjero, alrededor de 62.600 benineses tienen la oportunidad de participar en esta jornada electoral en 112 centros habilitados. Este evento se produce en un clima de incertidumbre política, ya que el principal partido opositor, Los Demócratas, ha sido excluido del proceso tras la descalificación de su candidato por parte de la Comisión Electoral Nacional Autónoma (CENA).
La reciente reforma constitucional, que extendió el mandato presidencial de cinco a siete años, ha generado inquietudes entre la oposición y la población en general. El Tribunal Constitucional solo ha validado dos candidaturas, lo que ha llevado a la crítica de que el sistema electoral actual favorece al oficialismo. Desde la aprobación de un nuevo Código Electoral, los partidos deben alcanzar un umbral del 20% de los votos en cada una de las 24 circunscripciones del país, lo que ha dificultado la participación de fuerzas políticas alternativas. En las elecciones legislativas y locales de enero, solo dos partidos de la coalición presidencial lograron obtener todos los escaños disponibles, lo que ha consolidado aún más el dominio del oficialismo.
Wadagni, de 49 años, se presenta junto a la actual vicepresidenta, Mariam Tala, lo que refuerza la continuidad del proyecto político de Patrice Talon. Sin embargo, su candidatura no está exenta de desafíos. Su principal competidor es Paul Hounkpè, exministro de Cultura y candidato de las Fuerzas Cauris para un Benín Emergente (FCBE), quien representa a una oposición considerada “moderada”. A pesar de ser el único rival del oficialismo, muchos dentro de la oposición ven a Hounkpè como un traidor y consideran su postulación como un intento de legitimar un resultado que parece casi asegurado a favor de Wadagni.
Ambos candidatos han intensificado sus esfuerzos para atraer a un electorado que se encuentra dividido y preocupado por la situación política del país. La reciente tentativa de golpe de Estado, que ocurrió el 7 de diciembre pasado y fue rápidamente sofocada por las Fuerzas Armadas, ha incrementado la tensión social. Este episodio ha dejado una huella en la percepción pública, generando desconfianza hacia el gobierno y sus instituciones. La seguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones, especialmente con el aumento de ataques yihadistas en el norte del país, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del nuevo jefe de Estado para enfrentar estos desafíos.
En conclusión, las elecciones presidenciales en Benín representan un momento crucial para el futuro político del país. La exclusión de importantes actores de la oposición, combinada con un clima de inestabilidad y tensiones internas, sugiere que el proceso electoral no solo determinará quién será el próximo presidente, sino que también sentará las bases para la política beninesa en los años venideros. La comunidad internacional estará atenta a la evolución de estos acontecimientos, ya que el desenlace de esta elección podría tener repercusiones en la estabilidad regional de África occidental.



