En el primer trimestre de 2026, la tasa de desempleo en Argentina alcanzó el 7,8%, marcando un incremento sostenido por segundo trimestre consecutivo. Esta situación se da en medio de un panorama laboral caracterizado por la creciente informalidad, que ha alcanzado niveles alarmantes. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la desocupación creció 0,3 puntos porcentuales en relación al trimestre anterior, y aunque registró una leve disminución de 0,1 puntos en comparación con el mismo período de 2025, la realidad laboral en el país sigue siendo crítica.
Durante este periodo, la actividad económica mostró un crecimiento del 1,7%, pero los beneficios no se distribuyeron de manera equitativa entre los distintos sectores. El comercio y la industria, que son los principales generadores de empleo, se encuentran en un estado de estancamiento, lo que agrava la situación de los trabajadores. A pesar del crecimiento económico, muchos argentinos se ven atrapados en un ciclo de desempleo y precariedad laboral que no parece tener fin.
Los datos del Indec revelan que en las 31 principales aglomeraciones urbanas, la cifra de desocupados llegó a 1.145.000, lo que representa un aumento de 52.000 personas en comparación con el primer trimestre de 2025. Este incremento es especialmente preocupante si se considera que, a pesar del aumento de empleos por cuenta propia, que crecieron en 200.000 a un total de 3,8 millones, los contratos formales siguen disminuyendo. En contraste, los trabajadores informales también han aumentado, alcanzando los 3,67 millones, lo que subraya la falta de seguridad laboral en el país.
El informe muestra que los puestos de trabajo asalariados formales han caído de 6,1 millones a 6 millones en un año, reflejando una tendencia negativa alarmante. A su vez, la tasa de informalidad laboral se sitúa en un 44,2%, lo que implica que 5,9 millones de personas laboran en condiciones precarias, sin los beneficios que brinda un trabajo formal. Este es el nivel más alto de informalidad desde que se inició el registro oficial de este dato, lo que pone de manifiesto la gravedad de la situación laboral en Argentina.
Por otro lado, un estudio adicional de la Secretaría de Trabajo indica que entre marzo de 2025 y el mismo mes de 2026, se perdieron 96.600 empleos en el sector privado y 18.200 en el sector público. Dentro del ámbito privado, la industria ha sido una de las más afectadas por las políticas económicas implementadas bajo el liderazgo del presidente Javier Milei. Se estima que en ese mismo lapso, se destruyeron 23.900 puestos de trabajo formales en este sector, lo que pone en evidencia el impacto negativo de las decisiones gubernamentales en la economía y el empleo.
El cierre de empresas también ha sido un fenómeno notable en este contexto. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), desde que Milei asumió la presidencia a finales de 2023, más de 26.000 empresas han cerrado sus puertas, lo que equivale a un promedio de 31 cierres diarios. Esta situación no solo afecta a los trabajadores que pierden sus empleos, sino que también se traduce en un debilitamiento de la economía local y un aumento en la incertidumbre económica. La combinación de la destrucción de empleo formal y el aumento de la informalidad plantea un desafío significativo para el futuro laboral del país y requiere atención urgente por parte de las autoridades competentes.
Frente a este escenario, es fundamental que se implementen políticas efectivas para fomentar la creación de empleos formales y combatir la informalidad. Solo a través de un enfoque integral que aborde las causas estructurales del desempleo se podrá revertir esta tendencia negativa y asegurar un futuro laboral más estable y justo para todos los argentinos.



