En los últimos cinco años, la cantidad de basura espacial que reingresa a la atmósfera sobre Argentina y el resto de Latinoamérica ha experimentado un notable incremento. Este fenómeno se asocia directamente con el aumento en la cantidad de lanzamientos espaciales y el creciente número de objetos que se colocan en órbita. Juan Cruz González Allonca, abogado especializado en el ámbito espacial y director del Proyecto MIRA, alertó sobre las dificultades que plantea la gestión de estos residuos y la urgente necesidad de implementar políticas públicas y normativas internacionales adecuadas.
El Proyecto MIRA se centra en la identificación, análisis y monitoreo de la basura espacial y sus reingresos a la atmósfera. Su principal objetivo es generar información precisa que contribuya a la formulación de políticas públicas y regulaciones en el ámbito espacial. En sus propias palabras, González Allonca comentó que "analizamos todos esos datos, los reingresos, quiénes son los países que más contaminan y dónde están esos objetos, para luego diseñar estrategias de mitigación y remediación de la basura espacial". Este enfoque multidisciplinario es fundamental para abordar los desafíos que plantea el entorno espacial actual.
Dependiente de la Universidad Nacional de La Plata y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, el Proyecto MIRA opera en el marco del Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales. En un análisis preliminar, el equipo de trabajo reveló que en los últimos cinco años ha caído más basura espacial sobre Argentina y Latinoamérica que en los quince años anteriores. Esta alarmante tendencia indica una creciente preocupación por la seguridad espacial y la sostenibilidad del entorno orbital.
González Allonca subrayó que el incremento en los reingresos de basura espacial está intrínsecamente ligado a la expansión de la actividad espacial en las últimas décadas. El avance en la ciencia y la tecnología ha permitido que universidades, empresas emergentes y grandes multinacionales accedan a la órbita terrestre, lanzando un número sin precedentes de satélites. Esta proliferación de objetos en el espacio plantea un riesgo significativo, ya que en la órbita baja, donde se encuentran la mayoría de estos satélites, los cuerpos viajan a velocidades superiores a los 27.000 kilómetros por hora, lo que puede resultar devastador ante cualquier colisión.
El director del Proyecto MIRA enfatizó que gran parte del problema radica en la órbita baja, donde los objetos pueden causar daños irreparables a satélites activos en caso de un impacto. Por esta razón, el equipo también está llevando a cabo estudios sobre las trayectorias de estos objetos y las maniobras necesarias para prevenir colisiones. La prevención se ha convertido en una prioridad en la agenda de los expertos en el tema.
González Allonca también destacó que los tratados internacionales que regulan el uso del espacio exterior fueron elaborados en las décadas del 60 y 70, y no tienen en cuenta la realidad actual, marcada por un número significativamente mayor de satélites y desechos orbitales. "Nuestra labor consiste en desarrollar estrategias que permitan resolver o prevenir conflictos, buscando un tratado internacional vinculante que contemple las necesidades del presente", explicó.
Entre las propuestas que se están evaluando se encuentra el uso del combustible restante de los satélites para realizar maniobras de reingreso controlado al final de su ciclo de vida. Este enfoque tiene como finalidad que los objetos se desintegren durante su ingreso a la atmósfera, evitando que lleguen a la superficie terrestre. No obstante, González Allonca advirtió que algunos satélites cuentan con componentes que pueden sobrevivir al reingreso, lo que complica aún más el escenario. En tales casos, las operaciones se dirigen hacia el denominado punto Nemo, un área del Pacífico Sur reconocida como un vertedero para estos objetos.
La creciente preocupación por la basura espacial resalta la necesidad de una respuesta coordinada y efectiva a nivel internacional. La seguridad en el espacio no solo es un desafío técnico, sino también un asunto de políticas públicas y cooperación entre naciones. Avanzar hacia una regulación más efectiva será fundamental para asegurar un futuro sostenible en la exploración y utilización del espacio.



