En la noche del sábado, se activó un protocolo de seguridad en la Casa Rosada y en la Quinta de Olivos tras recibir una amenaza de bomba. La situación generó un despliegue significativo de fuerzas de seguridad, ambulancias y equipos especializados en ambas locaciones, aunque el presidente Javier Milei permaneció en su lugar sin ser evacuado. Este incidente se produjo en un contexto de alta tensión política, justo después de la renuncia del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien se encuentra bajo investigación por presunto enriquecimiento ilícito.
El operativo de seguridad comenzó alrededor de las 21:30 horas, cuando se recibieron informes sobre la amenaza. Inmediatamente, el Ministerio de Seguridad Nacional movilizó a patrulleros, personal de Defensa Civil, perros adiestrados en detección de explosivos y un camión de bomberos, que se posicionaron en las inmediaciones de la Casa de Gobierno y la residencia presidencial. La decisión de extender la alerta a la Quinta de Olivos fue una medida preventiva, dado que la Casa Rosada era el aparente objetivo de la amenaza.
A medida que las fuerzas de seguridad llevaban a cabo su trabajo, se buscaba garantizar la seguridad de todos los funcionarios presentes y proteger la integridad de los edificios. Según reportes de medios de comunicación, la situación se complicó debido a la inminente renuncia de Adorni, quien había expresado en su carta un profundo descontento por la presión mediática y el clima hostil que enfrentaba. Su salida del Gabinete había sido anticipada por una serie de ataques que, según él, habían afectado no solo su persona, sino también a su familia y allegados.
Adorni, en su mensaje de despedida, subrayó la necesidad de proteger a los suyos, argumentando que la escalada de ataques mediáticos había alcanzado un punto insostenible. En su renuncia, el exministro expresó su agradecimiento hacia Milei por el apoyo recibido y lamentó tener que actuar en contra de los deseos del presidente. Este evento no solo marcó un momento crítico para el exjefe de Gabinete, sino que también dejó al Gobierno en una situación delicada, obligándolo a buscar un nuevo reemplazante rápidamente.
En medio de esta crisis, la atención se centra ahora en la elección del nuevo jefe de Gabinete. Según fuentes cercanas a la administración, el actual ministro del Interior, Diego Santilli, sería el candidato preferido para asumir el cargo. Esto no solo implicaría una reestructuración en el Gabinete, sino que también podría influir en la dinámica política del país, especialmente en un momento en que el Gobierno enfrenta desafíos tanto internos como externos.
La amenaza de bomba y la renuncia de Adorni son solo dos de los muchos eventos que han marcado un inicio turbulento para el Gobierno de Milei. Con una oposición activa y un clima de incertidumbre, el Presidente deberá navegar estos desafíos mientras intenta mantener la estabilidad en su administración. La situación también plantea interrogantes sobre la seguridad en instancias gubernamentales y la capacidad del Estado para gestionar crisis de esta naturaleza, que podrían afectar la confianza pública en la gestión actual.



