El 24 de febrero de 1946 marca un hito en la historia política argentina, aunque para muchos en el peronismo no es una fecha de celebración. Tradicionalmente, los días 4 de junio y 17 de octubre ocupan un lugar destacado en la narrativa fundacional del movimiento, eclipsando otros eventos significativos. Esta cierta desvalorización de la democracia formal ha llevado a una disminución de la influencia y la relevancia social del peronismo actual, cuyos integrantes parecen distanciarse de su legado histórico.

La narrativa popular sostiene que el GOU, la logia militar creada en febrero de 1943, fue la responsable del golpe de Estado. Sin embargo, esta interpretación es imprecisa. Aunque algunos de los futuros miembros del GOU intentaron atraer a Perón desde 1942, no fue hasta febrero de 1943, tras la muerte de su mentor político, el general Justo, que Perón se unió oficialmente. En ese momento, buscaba nuevas alianzas y oportunidades en un contexto político complejo.

El golpe del 4 de junio no fue el resultado de un plan bien delineado por el GOU, que en ese entonces era una organización secreta con poca relevancia. El movimiento militar buscaba la cohesión del Ejército tras años de turbulencias políticas. Mientras tanto, el presidente Castillo se encontraba en una situación delicada, con la posibilidad de nombrar a su sucesor. La alternativa a su gobierno se presentaba en la forma de la Unión Democrática, una coalición que incluía a diversas fuerzas políticas. En este contexto, el agregado cultural de la embajada estadounidense, Griffith, jugó un papel clave al intentar consolidar alianzas para contrarrestar al gobierno de Castillo, abriendo un capítulo en la larga historia de intervenciones extranjeras en la política argentina.