En una noche de terror, la localidad de Las Parejas, en la provincia de Santa Fe, fue escenario de un violento asalto que conmocionó a los vecinos del barrio cerrado Campiña Elisa. El hecho ocurrió el jueves por la madrugada, cuando un grupo de seis hombres armados irrumpió en una vivienda, sometiendo a una familia durante más de noventa minutos. Este episodio, que resalta la vulnerabilidad de los espacios residenciales supuestamente seguros, plantea interrogantes sobre la seguridad en estos lugares.

El asalto se desarrolló entre las 3 y las 4.30 de la mañana, en una casa situada en la intersección de la avenida 21 y la calle 2, a aproximadamente 100 kilómetros de Rosario. Según las autoridades, los delincuentes, que habían ocultado sus rostros y utilizaron guantes de látex, lograron ingresar al barrio cerrado por un sector trasero, eludiendo las medidas de seguridad establecidas. Una vez dentro, cortaron los cables de electricidad y rompieron un ventanal arrojando una garrafa, lo que les permitió entrar sin activar la alarma de seguridad de la vivienda.

Durante el asalto, los miembros de la familia fueron amenazados repetidamente y mantenidos bajo vigilancia. Los asaltantes, que actuaron con calma y sin prisa, revisaron la casa en busca de objetos de valor, lo que sugiere que habían planeado el robo con antelación. En este tiempo, lograron sustraer una camioneta Volkswagen Amarok verde, además de varios dispositivos electrónicos, incluyendo monitores de computadora y teléfonos celulares, así como una suma considerable de dinero, que se estima en alrededor de 2 millones de pesos. También se llevaron el DVR del sistema de cámaras de seguridad, posiblemente para eliminar cualquier evidencia de su actividad criminal.

A pesar de la violencia del asalto, los miembros de la familia no sufrieron heridas graves, aunque el hijo del matrimonio recibió un golpe leve. Este aspecto, en medio de un contexto tan amenazante, ha generado un alivio parcial, pero también ha dejado una profunda huella de miedo y vulnerabilidad en las víctimas. La rapidez y la violencia con que actuaron los asaltantes ponen de relieve la necesidad urgente de revisar y reforzar las medidas de seguridad en estos barrios cerrados.

Tras haber estado en la propiedad durante más de 90 minutos, los delincuentes finalmente abandonaron el lugar. Escaparon en la camioneta robada, junto a un Toyota Etios gris que les había servido como vehículo de apoyo. Sin embargo, su fuga se vio obstaculizada por las inclemencias del tiempo, ya que las lluvias recientes habían dejado los caminos rurales en un estado crítico, complicando el movimiento tanto de los asaltantes como de las fuerzas de seguridad que atendieron la emergencia.

En el transcurso de su huida, el Toyota Etios quedó empantanado en el barro, lo que permitió que el personal del Comando Radioeléctrico lo secuestrara. La intervención de los Bomberos fue esencial para liberar los vehículos de las fuerzas policiales que también habían quedado atrapados en el barro durante la persecución. Este episodio resalta no sólo la audacia de los delincuentes, sino también las dificultades que enfrentan los cuerpos de seguridad en el cumplimiento de su deber en condiciones adversas.

El caso ha sido asumido por la Policía de Investigaciones y la fiscalía de Cañada de Gómez, que ahora trabajan para esclarecer los detalles de este asalto y dar con el paradero de los responsables. La comunidad se encuentra en estado de alerta, preocupada por la seguridad en un entorno que debería ser seguro y que, de repente, se ha visto sacudido por la violencia. Este hecho no solo deja una marca en la familia afectada, sino que también plantea un debate necesario sobre la efectividad de la seguridad en los barrios cerrados.