La ciudad de La Plata se vio sacudida por un hecho trágico en la mañana del lunes, cuando se confirmó el hallazgo del cuerpo sin vida de una bebé en el interior de una obra de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Este descubrimiento fue realizado por trabajadores que se encontraban en el predio, donde se están llevando a cabo obras para la construcción de nuevas aulas. La conmoción en la comunidad educativa y entre los vecinos de la zona fue inmediata, generando un clima de incertidumbre y preocupación.

El cuerpo de la menor fue encontrado en un área restringida del campus, lo que llevó a la intervención de la División Unidades Operativas Federales (DUOF) de la Policía Federal Argentina. Según la información proporcionada por autoridades que siguen de cerca el caso, la presencia policial se hizo evidente rápidamente, mientras se iniciaban las primeras diligencias judiciales bajo la supervisión del juez federal Alejo Ramos Padilla. Este tipo de situaciones, lamentablemente, no son nuevas, pero cada caso provoca un impacto profundo en la sociedad.

Los investigadores comenzaron a trabajar de inmediato tras recibir el aviso por parte de los trabajadores que hicieron el macabro descubrimiento. La Policía Federal estableció un cordón de seguridad en la zona para llevar a cabo las pericias necesarias y preservar la escena del crimen, mientras que la actividad académica en la facultad continuó sin interrupciones. El acceso a la obra fue restringido durante las primeras horas de la investigación, permitiendo que las autoridades recolectaran toda la evidencia posible.

En el marco de esta tragedia, se conoció que una mujer identificada como Camila D.V.R., de 32 años y nacionalidad chilena, había sido denunciada como desaparecida por su propio padre. De acuerdo con la denuncia, el padre y su yerno habían acompañado a Camila y a su hija menor al Hospital de Niños de La Plata, pero perdieron el rastro de ambas alrededor de las 15 horas en el trayecto de regreso. Este hecho levantó muchas interrogantes sobre las circunstancias que rodean a la desaparición de la mujer y su bebé.

Testigos que fueron consultados por la policía afirmaron haber visto a Camila D.V.R. abordando un colectivo de la línea 506. El chofer del colectivo confirmó que la mujer descendió en la intersección de las calles 1 y 45, en la misma ciudad. Las características físicas de Camila, así como la ropa que llevaba puesta, fueron descriptas por sus familiares y corroboradas por los efectivos, lo que facilitó su identificación. Según los testimonios, la mujer estaba descalza y tenía el cabello rubio a la altura de los hombros, sin tatuajes visibles.

La beba, identificada como Mía, de apenas dos años, vestía ropa de color rosa en el momento de su desaparición, un dato que se volvió crucial durante las primeras etapas de la búsqueda. Se informó que la madre padecía de esquizofrenia y habría interrumpido su tratamiento durante el embarazo, según lo manifestado por allegados en la comisaría. Sorprendentemente, esta era la primera vez que se reportaba una desaparición de esta índole en su entorno familiar, lo que añade una capa de complejidad a la situación.

El hallazgo del cuerpo de Mía llevó a la pronta identificación y detención de Camila D.V.R. en el mismo lugar donde se reportó su descenso del colectivo. Las fuerzas federales actuaron rápidamente y la arrestaron poco después de su llegada al sitio. La mujer fue trasladada a la sede de la DUOF para continuar con las investigaciones correspondientes. Este trágico suceso ha dejado a la comunidad en estado de shock y ha abierto un debate sobre la salud mental y la protección de los más vulnerables en nuestra sociedad.