Santiago de Compostela celebró, como cada 25 de julio, su día grande y la jornada de Galicia con una combinación de actividades festivas, reivindicación política y actos institucionales. Los desfiles de cabezudos por las calles convivieron con la manifestación del BNG y con la Ofrenda al Apóstol en la Catedral, en una jornada que volvió a despertar la expectativa de vecinos y visitantes.

La Praza do Obradoiro concentró parte de la atención antes y después de la ceremonia, aunque la afluencia y la intensidad fueron posiblemente menores que en otros años. Desde primera hora se escucharon los “vivas” de los militares, mientras las autoridades ocupaban sus lugares protocolarios antes del inicio del acto litúrgico.

El acceso a la plaza estuvo condicionado por un amplio operativo de seguridad. Incluso una vez comenzada la misa, no se permitía ingresar con mochilas, una restricción que provocó colas de peregrinos y visitantes alrededor del mediodía. Una de esas filas llegó a extenderse por la Rúa do Franco.

Entre quienes lograron entrar al Obradoiro o seguir el comienzo de los actos desde las zonas cercanas hubo reacciones diversas. Algunos destacaron el protagonismo militar de la primera hora, mientras que otros expresaron su malestar por las dificultades para contemplar la Catedral. Como ocurre habitualmente, la presencia de las autoridades también despertó curiosidad entre quienes se acercaron al centro histórico.