La Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en Colombia ha manifestado su profunda preocupación ante las recientes restricciones impuestas por el Estado Mayor Central (EMC), el principal grupo disidente de las FARC, a la labor humanitaria y de monitoreo en diversas regiones del país. Esta situación no solo compromete el acceso a asistencia vital para la población en riesgo, sino que también limita la supervisión necesaria para garantizar el respeto a los derechos humanos en un contexto ya de por sí complejo debido al conflicto armado.

En un comunicado oficial, la coordinadora residente y humanitaria de la ONU en Colombia, Mireia Villar, rechazó de manera contundente las decisiones del EMC, que limitan el ingreso de misiones tanto nacionales como internacionales en territorios bajo su control. La ONU ha enfatizado que el Derecho Internacional Humanitario debe ser respetado por todos los grupos armados, lo que incluye la obligación de proteger la vida y la libertad de los civiles, así como facilitar su libre circulación.

El EMC, liderado por Néstor Gregorio Vera, conocido como “Iván Mordisco”, justificó sus restricciones alegando que las misiones humanitarias y de verificación han sido utilizadas para obtener información que posteriormente ha facilitado operaciones militares en su contra. Este argumento pone de relieve la desconfianza que sienten los grupos armados hacia las organizaciones internacionales, y pone en jaque la cooperación necesaria para abordar las crisis humanitarias en el país.

Las restricciones impuestas por el EMC han generado un efecto dominó sobre el acceso a servicios esenciales para las comunidades más vulnerables. Según la ONU, la presencia institucional es crucial en estas zonas, ya que permite brindar protección y asistencia a quienes más lo necesitan. La imposición de estas limitaciones no solo afecta la labor de organizaciones como la ONU y la OEA, sino que también implica un retroceso significativo en los esfuerzos por garantizar la paz y la seguridad en áreas afectadas por el conflicto.

Además, el EMC ha cuestionado las alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, acusando a ciertos actores regionales de manipular la información para generar alarma y justificación de acciones armadas en su contra. Esta acusación resalta la tensión existente entre las organizaciones estatales y los grupos armados, complicando aún más el panorama para la resolución pacífica del conflicto.

A partir de ahora, el EMC ha declarado que solo permitirá la entrada de misiones humanitarias que sean acompañadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), siempre que cumplan con criterios de neutralidad y confidencialidad. Esta condición podría limitar aún más el acceso a la ayuda humanitaria, generando un escenario preocupante para las comunidades que dependen de estos recursos.

La ONU ha reiterado que el respeto a los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia es fundamental para su labor y la de otras organizaciones humanitarias. La comunidad internacional observa con atención la evolución de esta situación, ya que el bienestar de miles de colombianos en riesgo depende de la capacidad de las organizaciones para operar sin restricciones en el terreno. La situación en Colombia sigue siendo un recordatorio de la compleja interacción entre los actores armados y la necesidad urgente de una respuesta humanitaria efectiva y despolitizada.