La jornada final del debate presidencial en Perú se vio notablemente afectada por la tardanza del candidato Jorge Nieto, representante del Partido del Buen Gobierno. Este evento, que se llevó a cabo en un momento crítico de la campaña electoral, coincidió con el inicio de las vacaciones de Semana Santa, cuando miles de peruanos se trasladan hacia diferentes destinos, lo que generó un caótico tráfico en las calles de Lima. La llegada de Nieto al debate se produjo casi media hora después del horario programado, un hecho que generó reacciones diversas entre los participantes y los espectadores.
Nieto, quien ocupa actualmente el quinto lugar en las encuestas de intención de voto con un 5%, se encuentra en una feroz competencia con otros candidatos, como la derechista Keiko Fujimori y el ultraderechista Rafael López Aliaga, quienes lideran los sondeos. Para hacer frente a la congestión vehicular, el exministro llegó en una moto de la Policía Nacional que lo trasladó desde su hogar, ubicado en un distrito costero a unos 40 kilómetros del centro de la capital. Sin embargo, su llegada se produjo cuando ya había pasado su primer turno de intervención, lo que despertó críticas en el ambiente político.
El candidato atribuyó su retraso a la ampliación de los carriles de la Carretera Panamericana Sur, que estuvo abarrotada de vehículos saliendo de la ciudad. Además, mencionó la presencia de un grupo de seguidores de Renovación Popular que, según él, estaban obstaculizando el tráfico en un peaje. Esta situación provocó que Jorge Nieto se viera obligado a ofrecer disculpas en su primera intervención durante el debate, aunque sus palabras no fueron suficientes para evitar la controversia que generó su tardanza.
La llegada tardía de Nieto no pasó desapercibida para Wolfgang Grozo, candidato del partido Integridad Democrática, quien criticó la actitud del exministro al insinuar que había estado disfrutando en la playa mientras otros ciudadanos se esforzaban por llegar a sus trabajos. Esta acusación llevó a Nieto a defenderse, alegando que su residencia está en la playa y no que había estado de vacaciones, lo que generó un enfrentamiento verbal entre ambos candidatos. La tensión en el ambiente se palpó, reflejando la competitividad y la polarización que caracterizan a esta contienda electoral.
Durante el debate, la educación y el empleo fueron temas centrales, donde la mayoría de los candidatos coincidieron en la necesidad de aumentar las becas educativas. Sin embargo, también se presentaron críticas hacia la calidad de las universidades del país. Candidatos como Rafael Belaúnde, del partido Libertad Popular, señalaron que no se puede permitir que los estudiantes accedan a instituciones que no ofrecen una educación de calidad, refiriéndose a algunas universidades como 'lavanderías del crimen organizado'. Este tipo de acusaciones ilustran los problemas estructurales que enfrenta el sistema educativo peruano.
La situación se tornó más tensa cuando Rosario Fernández, de Un Camino Diferente, cuestionó a José Luna, otro candidato presente, por las irregularidades que había enfrentado su universidad, Telesup, destacando que muchos alumnos se habían quedado sin opciones educativas. Luna, en su defensa, apuntó a las llamadas 'mafias' que, según él, han operado en el sector educativo, alegando que no se somete a coimas. Este intercambio verbal entre candidatos evidenció la polarización y las acusaciones mutuas que dominan el clima electoral en el país.
El debate culminó con un intercambio final entre Grozo y Acuña, donde las diferencias de estatura fueron utilizadas como un recurso retórico para enfatizar la supuesta 'baja estatura' de ciertos partidos en cuanto a sus propuestas y compromisos. Este evento no solo sirvió como un espacio para la exposición de ideas, sino que también reflejó las tensiones y rivalidades que marcarán el rumbo de las elecciones, en un contexto donde la falta de confianza en la clase política es palpable entre los votantes.



