En la ciudad de Lyon, Francia, se encuentra en su etapa final el juicio contra Nicolás Zepeda, un ciudadano chileno acusado del asesinato de Narumi Kurosaki, una estudiante japonesa que desapareció en diciembre de 2016. Este proceso judicial ha estado marcado por testimonios impactantes, particularmente el del novio de la víctima, así como por análisis psiquiátricos que revelan posturas contrapuestas sobre la salud mental del acusado. La corte del Tribunal de lo Criminal del Ródano ha estado albergando este caso que ha capturado la atención tanto de los medios como del público, y que ha puesto en el centro del debate la naturaleza de la relación entre Zepeda y Kurosaki.

Narumi Kurosaki, quien tenía 21 años en el momento de su desaparición, se encontraba en Francia para continuar sus estudios de francés. Su desaparición, registrada entre la noche del 4 y la madrugada del 5 de diciembre de 2016, ha sido un enigma desde el inicio de la investigación. A pesar de que el cuerpo de la joven no ha sido encontrado, las autoridades han centrado sus investigaciones en Zepeda, quien había sido su pareja en Japón y se encontraba en el país europeo en los días previos a su desaparición. Este vínculo ha sido fundamental para la acusación, que sostiene que Zepeda tuvo un papel crucial en los eventos que llevaron a la desaparición de Kurosaki.

Durante la audiencia más reciente, Arthur del Piccolo, el novio de Narumi en el momento de su desaparición, ofreció un testimonio conmovedor que impactó a los presentes en la sala. Visiblemente afectado, Del Piccolo se manifestó enérgicamente en contra del acusado, asegurando que Zepeda es responsable de la muerte de la joven. El ingeniero francés expresó su convencimiento de que Narumi no desapareció por voluntad propia, refutando la defensa que había propuesto esta hipótesis. En su relato, enfatizó que la joven tenía planes de vida que no se alineaban con la idea de una huida.

Del Piccolo compartió su experiencia de haber recibido mensajes que supuestamente provenían de Narumi, enviados por Zepeda tras su desaparición. Estos mensajes, en los que el acusado se hacía pasar por la joven, lo llevaron a creer que ella se había trasladado a Lyon, generando en él un sentimiento de culpa por no haber alertado a las autoridades más pronto. Este aspecto del testimonio destaca la manipulación emocional que pudo haber existido en la relación entre los involucrados, arrojando luz sobre la complejidad del caso.

La jornada también estuvo marcada por la presentación de informes psiquiátricos que mostraron serias divergencias sobre el estado mental de Zepeda. Un primer experto realizó un análisis que lo describió como una persona con rasgos manipuladores y evasivos, lo que podría encajar con las acusaciones en su contra. Esta evaluación fue utilizada por la acusación para reforzar la imagen de Zepeda como alguien con un perfil que podría haber actuado en función de una premeditación criminal.

No obstante, un segundo psiquiatra ofreció una perspectiva diferente, planteando que Zepeda se encuentra dentro de un espectro de normalidad y no presenta trastornos mentales que sean relevantes para el caso. Este experto concluyó que, si Zepeda es hallado culpable, habría actuado con total lucidez, aunque su análisis fue utilizado por la defensa para argumentar que no existía premeditación detrás de sus acciones. Este contraste en las evaluaciones psiquiátricas pone de relieve la complejidad del caso y la dificultad de llegar a una conclusión definitiva.

Finalmente, el día de testimonios se cerró con la intervención de Humberto Zepeda, padre del acusado, quien defendió la inocencia de su hijo y aseguró que este le ha negado en todo momento cualquier implicación en la desaparición de Narumi. La defensa de Zepeda se enfrenta a un desafío considerable, dado el peso de las evidencias y testimonios presentados hasta el momento. La conclusión de este juicio se espera que arroje luz sobre uno de los casos más intrigantes y trágicos de los últimos años en Francia.