El Castillo de Petrelë, situado en el centro de Albania, es un testimonio del ingenio humano a lo largo de la historia. Esta imponente fortaleza, que se alza sobre una colina a solo 15 kilómetros de Tirana, no solo se destaca por su arquitectura monumental, sino que también ha desempeñado un papel crucial desde el siglo VI en la defensa del territorio albanés.
Construido en el siglo VI como parte de un extenso sistema de fortificaciones bizantinas, el castillo fue concebido para proteger las rutas comerciales y los accesos al interior de Albania de posibles invasiones. Este sistema de defensa se caracterizaba por una red de señales de fuego que conectaba la costa adriática con los valles interiores, permitiendo una alerta temprana ante la llegada de ejércitos enemigos en cuestión de minutos.
La ubicación estratégica del Castillo de Petrelë, que domina el valle del río Erzen, le confería una ventaja táctica notable. Desde sus torres, los defensores podían detectar movimientos sospechosos y encender fogatas para alertar a otras fortificaciones de la región. Esta comunicación visual fue vital durante los numerosos conflictos que asolaron los Balcanes en la Edad Media. Las reformas realizadas en el siglo XV, durante las luchas contra el Imperio Otomano, también transformaron la estructura, dándole su aspecto actual y reforzando sus defensas.
Además de su valor militar, el Castillo de Petrelë está estrechamente vinculado a figuras históricas importantes, como Mamica Kastrioti, hermana del héroe nacional Skanderbeg. Mientras Skanderbeg organizaba la defensa de Albania desde Krujë, Mamica lideraba la protección de Petrelë, convirtiéndose en un símbolo de valentía y liderazgo femenino en tiempos de inestabilidad. La historia de Mamica subraya la participación activa de las mujeres en la defensa del territorio, desafiando los estereotipos de género de su época y destacando la importancia de la red de alianzas familiares en la lucha por la libertad de Albania.



