La Justicia de Córdoba emitió recientemente una sentencia de prisión perpetua contra Fabián Ricardo Páez, de 39 años, por el asesinato de Mario Albornoz, un hombre de 53 años cuyo cadáver fue descubierto en un freezer en el barrio Alto Alberdi. Este caso ha generado un gran revuelo en la sociedad cordobesa, no solo por la brutalidad del crimen, sino también por las circunstancias que rodearon el hallazgo del cuerpo en abril de 2024. La resolución del tribunal se espera que sea presentada en los próximos días, donde se explicarán los fundamentos de la condena.
El fallo fue dictado por la Cámara Duodécima del Crimen, que encontró a Páez culpable de homicidio criminis causa y robo calificado, utilizando un arma impropia. Esta figura delictiva sugiere que el asesinato fue perpetrado con el fin de facilitar el robo, lo que añade una capa de premeditación y frialdad al caso. La decisión del tribunal se basó en la evidencia presentada durante el juicio, donde se argumentó que el crimen fue cometido para garantizar la impunidad del autor mientras sustraía pertenencias de la víctima.
El trágico desenlace tuvo lugar el 10 de abril de 2024, cuando el hermano de Albornoz descubrió el cuerpo de su pariente en un congelador, cubierto con una manta y una almohada en una vivienda ubicada en la calle Santa Rosa al 3300. Las investigaciones preliminares revelaron que la víctima había sido asesinada tres días antes de su hallazgo, lo que generó una serie de interrogantes sobre el tiempo transcurrido y las circunstancias del crimen.
Durante el juicio, se presentó una reconstrucción de los hechos que mostró cómo Páez utilizó un martillo para atacar a Albornoz tras ingresar a la casa con la intención de robar. Según el fiscal Guillermo González, el objetivo era apropiarse de objetos de valor, incluidos un teléfono móvil, una notebook, un televisor y dinero en efectivo. La secuencia de eventos fue clara: el acusado dejó la vivienda el 6 de abril, en un intento de ocultar su implicación en el crimen.
El contexto del crimen se complica aún más por el hecho de que la vivienda en cuestión funcionaba como una “pensión trucha”. Albornoz alquilaba habitaciones, incluyendo una al propio Páez, quien era un inquilino reciente y mantenía una relación cercana con la víctima. Esta conexión personal entre el asesino y el asesinado fue un elemento crucial en la investigación, ya que el móvil del asesinato parecía estar entrelazado con la dinámica de su relación.
El método de ocultamiento del cuerpo en el freezer también ha suscitado numerosas preguntas entre los investigadores. La elección de este método poco convencional para deshacerse de un cadáver complicó la determinación del momento exacto de la muerte, lo que a su vez dificultó la recopilación de pruebas. A pesar de estas complicaciones, la policía logró identificar a Páez como el último inquilino que había estado en contacto con Albornoz, lo que llevó a su detención dos meses después del hallazgo del cuerpo.
El juicio fue llevado a cabo por un jurado popular, que evaluó toda la evidencia presentada por la fiscalía y la defensa. Durante las audiencias, se realizaron declaraciones de testigos, pericias forenses y se presentaron documentos relevantes. La fiscalía enfatizó la premeditación y la motivación económica detrás del crimen, mientras que la defensa intentó minimizar la intención homicida de Páez. Sin embargo, el tribunal optó por calificar el delito de la forma más grave, reflejando la naturaleza atroz del crimen y sus repercusiones en la comunidad.



