La tragedia de Lucas Peralta Luna, un joven de 21 años, conmocionó a la sociedad argentina en julio de 2020. En un contexto de aislamiento por la pandemia de COVID-19, Lucas se dedicaba a trabajar como repartidor en motocicleta, mientras muchos se encontraban confinados en sus hogares. Sin embargo, su vida se apagó de manera abrupta cuando fue embestido por una camioneta conducida por Sebastián Gabriel Di Pietro, quien se encontraba bajo los efectos del alcohol y drogas, circulando a una velocidad excesiva en la avenida Corrientes.

El fatal accidente ocurrió la noche del 10 de julio de 2020 en Palermo, un barrio porteño caracterizado por su actividad comercial. Lucas, que se ganaba la vida en un momento crítico para la economía, fue sorprendido desde atrás por la Dodge Journey que manejaba Di Pietro, quien estaba a 100 kilómetros por hora en un tramo donde la máxima permitida era de 50. Este comportamiento irresponsable, agravado por la combinación de 1,9 gramos de alcohol en sangre, así como el consumo de cocaína y marihuana, resultó en un desenlace trágico que no solo privó a una familia de su ser querido, sino que también dejó al descubierto las falencias en la seguridad vial y la necesidad de una justicia más contundente en estos casos.

Después de casi seis años de la tragedia, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°19 dictó una condena de cuatro años y seis meses de prisión para Di Pietro por homicidio vial. La sentencia se hizo firme tras el rechazo de la Corte Suprema a los últimos recursos presentados por la defensa del imputado. El pasado martes, Di Pietro se presentó voluntariamente ante el tribunal, donde quedó inmediatamente detenido, dejando atrás la incertidumbre que había marcado su situación legal.

Sabrina, la madre de Lucas, expresó su alivio y gratitud a la justicia a través de sus redes sociales, afirmando que por fin su hijo podría descansar en paz. Su mensaje refleja el dolor de una madre que ha luchado por el reconocimiento de la vida de su hijo y por un cambio en la cultura de manejo en el país. “Ojalá que nunca más tengamos que llorar a nadie. Seamos conscientes de que la vida vale”, escribió, haciendo eco de la necesidad de una mayor conciencia social sobre la seguridad vial.

El caso de Lucas Peralta Luna ha generado un debate en torno a la responsabilidad civil y penal de quienes manejan bajo los efectos de sustancias, así como la urgencia de políticas más estrictas en relación con el tráfico y la conducción. En primera instancia, el tribunal había condenado a Di Pietro a cinco años y diez meses de prisión, pero la pena fue reducida tras la apelación de su defensa. Esta situación pone de manifiesto los desafíos que enfrenta el sistema judicial argentino al abordar delitos de tránsito que resultan en fatalities.

Natalio Nicodemo, abogado de la familia Peralta Luna y representante de Madres del Dolor, subrayó la importancia de este caso como un precedente en la lucha contra la impunidad en accidentes viales. La tragedia de Lucas no solo es un recordatorio de la fragilidad de la vida, sino también un llamado a la acción para que todos los actores sociales, desde los legisladores hasta los ciudadanos, tomen conciencia de la gravedad de conducir bajo los efectos de alcohol y drogas. En un país donde los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte, cada condena se convierte en un paso hacia la justicia y la prevención de nuevas tragedias.