A medida que las empresas adoptan rápidamente la inteligencia artificial (IA) en sus procesos laborales, los líderes están enfrentando retos que trascienden lo meramente técnico y afectan la cohesión de los equipos. Es fundamental entender que la interacción entre humanos y máquinas no solo implica un cambio en las herramientas utilizadas, sino también en las dinámicas de trabajo y confianza entre los miembros del equipo.
Para abordar estos desafíos, no se trata de rechazar la IA ni de resignarse ante sus limitaciones. En cambio, los líderes deben implementar principios de comportamiento organizacional que faciliten la integración de la IA y la gestión del cambio. Es crucial replantear esta integración como un proceso de aprendizaje constante, donde la exploración y la experimentación sean vistas como oportunidades valiosas. Así, los errores iniciales en el uso de la IA no se perciben como fracasos, sino como pasos necesarios para calibrar expectativas y mejorar los métodos de colaboración.
Asimismo, los líderes deben fomentar un ambiente donde la falibilidad y la curiosidad sean valores centrales. Reconocer abiertamente cuando no se comprenden ciertos resultados o cuando estos son cuestionables genera un espacio seguro para que los equipos se sientan cómodos al explorar y cuestionar la IA. Establecer rituales de aprendizaje, como análisis post-acción, puede ser una forma efectiva de reflexionar sobre lo que ha funcionado y lo que no, abordando así las limitaciones de la IA y optimizando su uso en el futuro.



